martes, 30 de diciembre de 2014

Cepo al dólar recargado.

Desde enero, solo podrán golpear la ventanilla de la AFIP para acceder a la compra de dólares los que demuestren ingresos, en blanco, de al menos 9.432 pesos al mes. La cifra surge del último ajuste del salario mínimo vital y móvil, que desde este viernes saltará de 4.400 a 4.716 pesos. 

Ocurre que la reglamentación para la venta del llamado "dólar-ahorro" establece que solo podrán presentar solicitud de compra quienes perciban al menos el doble de ese salario de referencia. Bajo la modalidad "dólar-ahorro" ya se vendieron este año casi 3.000 millones de dólares

Dado que la AFIP informa regularmente el tipo de comprador, quedó ya demostrado que los monotributistas prácticamente dejaron de obtener el permiso de compra. En su mayoría, los compradores son asalariados registrados y quienes están inscriptos como autónomos y profesionales. 

De hecho, según informó la propia AFIP, el 94% de los que compraron dólares por esta vía trabaja en relación de dependencia, el 5% es autónomo y el solo el 1% integra el grupo de los monotributistas. La fórmula del ente recaudador, establecida a través de la Resolución General 3583, estipula que pueden comprar dólares para tenencia por hasta un 20% de los ingresos mensuales declarados que sean iguales o mayores a la suma de dos salarios mínimos.

En verdad, el dólar ahorro se terminó convirtiendo en una suerte de suplemento salarial. Los que compran dólar a la cotización oficial del día más el recargo del 20% a cuenta de Ganancias o Bienes Personales hacen una diferencia vendiéndolo inmediatamente en el mercado paralelo. Así, quien pagaba, por ejemplo, $10,20 en el mercado blanco podía vender esos dólares en el paralelo a $13, generando en 5 minutos un ingreso extra. Para el caso de una compra de US$ 500, la ganancia automática es de $1.400 pesos. 
fuente: ieco 

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lunes, 22 de diciembre de 2014

Salario Devaluado.

El poder de compra de los argentinos se desplomó en el último lustro llegando a su nivel más bajo. De acuerdo a un estudio elaborado por el Instituto de Estadísticas del Defensor del Pueblo de la Provincia de Córdoba (INEDEP) en los últimos cinco años el precio del kilo de asado se incrementó alrededor del 470% y en comparación el Salario Mínimo, Vital y Móvil sólo aumentó un 205% (el organismo tomó justamente como referencia el precio del kilo de asado para llegar a esa conclusión). 

En efecto, mientras en octubre de 2009 el kilo de ese corte de carne costaba alrededor de $13, el salario mínimo era de $1440, que equivalían a unos 113 kilos de asado. A diferencia de esos años, en noviembre de 2014, kilo de asado tuvo un precio promedio de $73,85 y los $4400 del Salario Mínimo equivalen tan sólo a 60 kilos del corte de referencia.  

Así, el INEDEP calculó un aumento anual de la Canasta Básica del 35,72%. Y la diferencia entre los precios de la Canasta Básica que mide el Instituto de Estadísticas del Defensor del Pueblo y los publicados por el INDEC es de 223,11%.  

Las estadísticas del estudio suponen que una persona adulta precisó $987,23 para adquirir la Canasta Básica Alimentaria y $2.236,66 para la Canasta Básica Total, que contempla, además de los requerimientos alimentarios, una serie de bienes y servicios básicos. En términos familiares, un hogar compuesto por dos adultos y dos niños en edad escolar necesitó contar con $3.050,53 para no caer por debajo de la línea de la indigencia y $6.911,28 para superar la línea de pobreza

Al comparar los datos del pasado mes de noviembre con los del último octubre, se constató una variación intermensual de la Canasta Básica Alimentaria de 1,18%. Si tenemos en cuenta el acumulado del año (Enero 2014- Noviembre 2014), dicho valor ascendió a 24,19%. En términos interanuales (Noviembre 2013 – Noviembre 2014), la fluctuación que sufrió la Canasta fue de un 35,72%. 
fuente: fortuna

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lunes, 1 de diciembre de 2014

La escolaridad y la Asignaión Universal por Hijo.

La vetusta gestión que aplica la ANSES es el problema y la solución comenzaría por descentralizar el control de condicionalidades de la Asignación Universal por Hijo en las provincias, que son las responsables de administrar las escuelas, según analiza el Instituto de Desarrollo Económico y Social Argentino (Idesa) en su informa Número 576.

La conclusión del ciclo lectivo es un contexto propicio para evaluar el desempeño del sistema educativo. El tema que acapara mayor atención es que nuevamente no se ha cumplido con el mínimo de días de clases fijados en la normativa debido a la intensidad de las huelgas y al aumento de los días feriados. 

A esto se suman problemas más estructurales como el abandono escolar. La deserción escolar tiene particularidades. Una de ellas es que se concentra al final del nivel medio, es decir, cuando los alumnos tienen entre los 16 y 18 años de edad. Según el Ministerio de Educación de la Nación en 2012 –último disponible– en los tres años finales de la educación media, la matrícula cae un 37% respecto a los tres primeros años de la secundaria. 

Procurando atacar este problema, a finales de 2009 se establece la Asignación Universal por Hijo (AUH). Un punto clave del diseño es que el cobro de la prestación está condicionado a la concurrencia del joven beneficiario a la escuela. Pasados cuatro años de implementado resulta pertinente analizar los cambios en la asistencia escolar de los jóvenes entre 16 y 18 años. Según datos de la EPH del INDEC correspondientes a los primeros semestres de los años 2010 y 2014 se observa que: La proporción de jóvenes en este estrato etario que declaran no asistir a la escuela bajó del 23,4% al 20,7%. Entre el 50% de los hogares de mayores ingresos la reducción fue del 17,3% al 10,1%. Entre los hogares ubicados en el 50% de más bajos ingresos la proporción cayó del 25,6% al 24,0%. 

Estos datos muestran que desde que se instrumentó la AUH hubo reducción en la tasa de deserción escolar, aunque muy modesta. Por eso, todavía 1 de cada 5 jóvenes entre 16 y 18 años abandona la escuela. Pero lo más relevante es que la disminución no está concentrada entre los jóvenes que reciben la AUH. Entre los adolescentes que habitan los hogares de menores ingresos la caída en la tasa de deserción escolar es muy pequeña. 

Varios factores explican estos frustrantes resultados. Entre los más importantes se destacan los procedimientos arcaicos utilizados para la gestión de la AUH. La principal inconsistencia surge de pretender realizar el control de la escolaridad desde el Estado nacional cuando la gestión de las escuelas corresponde a las provincias. Las consecuencias del centralismo se ven agravadas por la rusticidad del instrumento utilizado: la “Libreta Nacional de Seguridad Social, Salud y Educación”. En este documento de papel el beneficiario tiene que registrar los antecedentes y presentarlo periódicamente en la ANSES para recibir el subsidio. El resultado es que se recarga de burocracia al beneficiario, a las escuelas, a los hospitales y a la propia ANSES. 

Como era de prever, y los datos del INDEC lo confirman, la eficacia de los controles es muy débil. Es claro que los frustrantes resultados no hay que asignarlos a la idea conceptual que subyace en la AUH sino a la impericia y a la improvisación en su gestión. La idea de condicionar las prestaciones sociales a la asistencia escolar es buena y está dando buenos resultados en otros lugares. El problema es que en la Argentina se instrumenta mal. Debido a esta deficiencia se han perdido cuatro años y se seguirá dilapidando tiempo si, como propone gran parte de la oposición, la única reforma importante que se impulsa en la AUH es que en lugar de estar sancionada por decreto, sea sancionada por ley. Para no perseverar en el fracaso es necesario buscar alternativas superadoras. Un punto central es descentralizar la gestión de la AUH en las provincias

Esto generaría las condiciones para establecer un monitoreo informático de la asistencia escolar, lo que no sólo permitiría mejorar el control sino, lo más importante, actuar de manera inmediata en cuanto el joven deja de asistir a la escuela. El Estado nacional debería concentrarse en apoyar y auditar la gestión de la AUH e inducir a que se asuma que la asistencia es apenas el primer paso para alcanzar el objetivo primordial, que es, aumentar el aprendizaje de los alumnos. 
fuente: mercado 

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