martes, 22 de julio de 2014

China el campeón de Brasil 2014.

El apabullante crecimiento de China, que según el Banco Mundial desplazará a fin de año a Estados Unidos como primera potencia económica del mundo, tiene su correlato lógico en los resultados deportivos. Habiendo participado de tan solo ocho juegos olímpicos de verano, ya es el cuarto país en el medallero histórico, detrás de Estados Unidos, de la desaparecida Unión Soviética y del Reino Unido. Quedó en primer lugar cuando fue local en Beijing, fue segunda en Londres en 2012, y se le augura el escalón más alto del podio para Río 2016. También en los juegos de invierno tuvo una rápida trepada: de no lograr ninguna medalla en sus primeras tres participaciones a partir de 1980, este año en Sochi obtuvo nueve y se encaramó en el duodécimo lugar. 

Pero el desarrollo deportivo chino no se da en el fútbol. Recién armó una liga profesional en 1994, que no es muy popular ni sirvió para masificar el juego. En competencias internacionales, su selección apenas logró dos subcampeonatos asiáticos, y en los dos últimos fue eliminada en primera ronda. En mundiales tuvo una sola participación en el que se disputó en Corea y Japón, donde sufrió tres derrotas con nueve goles en contra y ninguno a favor. Es obvio que no clasificó a Brasil, y sin embargo se sienten campeones. 

Horas antes de la final, el centenario diario South China Morning Post, el más importante en inglés de Hong Kong, publicó una extraordinaria infografía titulada We are the champions, en la que afirman que “real ganador es China”, y lo fundamentan diciendo que “el país pudo no haber enviado a su selección a Brasil pero sus manufacturas asegurarían que la presencia china fue notada a todo nivel a lo largo de todo el torneo”. 

Todo lo que aparece en color rojo en la reproducción que ilustra esta columna son los objetos, el equipamiento, y la tecnología que empresas chinas proveyeron al evento. Desde el subte que la CNR Changchun Railway Vehicles Co. construyó en Río de Janeiro para trasladar a los espectadores al Maracaná hasta la mascota oficial Fuleco, pasando por la instalación del aire acondicionado que Midea Group realizó en nueve de los estadios. Desde el balón oficial y la mayoría de la indumentaria de los equipos hasta todo el sistema de telecomunicaciones en 2G, 3G, 4G y Wifi del gigante Huawei Technologies, pasando por los ómnibus híbridos fabricados por China South Locomotive & Rolling Stock Corp y los gabinetes de control de seguridad en los ingresos de los estadios. 

Empresas chinas estuvieron entre los principales contratistas para la construcción civil de los estadios como Sany Group, y Wagon Enterprises fabricó el 80 por ciento de los souvenirs oficiales del torneo; unos 8 millones de objetos. 

La expansión china también se verifica en la vida cotidiana de la Argentina. Miles de personas se trasladan en vagones chinos, miran sus programas en televisores fabricados en Tierra del Fuego por empresas chinas, visten y calzan productos chinos, usan la computadora de la marca china Lenovo, conectan al Wifi a través de un aparato Huawei, cargan nafta elaborada con petróleo extraído por empresas que tienen accionistas chinos como Pan American o Sinopec, segundo y quinto productor de crudo del país, respectivamente, y operan con el banco ICBC. Cada vez más gente disfruta de la comida china, y a los que gustan de la novela policial se recomienda leer al disidente y crítico del régimen Qiu Xiaolong en cualquiera de serie del detective Chen Cao. 

La presencia hoy en la Argentina del presidente chino Xi Jinping y una nutrida comitiva debería ser un punto de inicio de una nueva etapa en las relaciones económicas bilaterales, en la que además de inversiones y financiamiento para megaobras de infraestructura, y eventualmente la firma de un nuevo swap de reservas y de otros acuerdos, la Argentina pueda aprovechar mucho mejor la oportunidad que representa un mercado con cerca de 1.400 millones de personas con un consumo que crece vertiginosamente, para, entre otras cosas, venderles algo más que soja y derivados. Tratar con la próxima primera potencia económica mundial requiere de una buena planificación y estrategia, conducida con inteligencia y bien ejecutada en equipo. 
fuente: cronista

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