martes, 25 de febrero de 2014

Señal de Ajuste.

Disipada la sorpresa por el "sinceramiento" inflacionario del Indec, queda el tema de fondo: ahora hay que explicitar una estrategia contra la suba de precios. Y el Gobierno mantiene su actitud ambivalente de adoptar medidas de ajuste tradicional, al mismo tiempo que hace público su rechazo a las recetas de los economistas "ortodoxos".
 
Es por eso que, mientras Cristina Kirchner apunta contra los empresarios "desestabilizadores" que remarcan precios, hay otras iniciativas oficiales que se han ido tomando sin bien no forman parte de los discursos, por ir en contra del proyecto "nacional y popular".
 
La suba de las tasas de interés, retirar pesos del mercado, encarecer el crédito y la vuelta al endeudamiento del Banco Central nunca aparecen en el relato militante. Claro, no sólo son medidas poco simpáticas sino que hasta conforman la lista de iniciativas que el ministro Axel Kicillof había adelantado que nunca se adoptarían. Y, sin embargo, se hicieron presentes. De hecho, si hay alguna esperanza en el gremio de los economistas respecto de que la escalada de precios no entre en una fase aguda no es, por cierto, por el optimismo depositado en el programa "Precios Cuidados". Más bien, por el accionar de Juan Carlos Fábrega de pasar la aspiradora de pesos por el mercado.
 
Los elogios que el nuevo titular del Banco Central ha despertado entre analistas habitualmente críticos del Gobierno no dejan de llamar la atención. Empezaron el mismo día de su designación, cuando economistas muy escuchados en el mercado financiero ponderaron sus condiciones profesionales. Como Aldo Pignanelli, ex titular del Central, quien auguró que, con su llegada, se terminaría "la emisión sin límites". En los últimos días, al revelarse su firme disposición a subir las tasas de interés y retirar pesos del mercado, varios analistas han saludado la presencia de un funcionario que no sólo no niega la existencia de una relación directa entre maquinita de imprimir billetes e inflación, sino que actúa en consecuencia. Todo un cambio respecto de la filosofía que imperaba en los tiempos de Mercedes Marcó del Pont, quien solía quejarse de que "sólo en la Argentina" prevaleciera una concepción ya superada que ligaba la cantidad de dinero circulante con la suba de los precios.
 
Este entusiasmo llevó al analista Federico Muñoz a comparar a Fábrega con Paul Volker -el legendario presidente de la Reserva Federal estadounidense- quien en los años 80 domó a la suba de precios de la principal economía del mundo mediante un drástico incremento de las tasas de interés. Por el lado de los créditos, Muñoz afirma que Fábrega es consciente del perjuicio que genera en las pequeñas y medianas empresas que se encarezca el costo del dinero que prestan los bancos. Pero -en la otra vereda- en la del dinero que reciben las entidades (por ejemplo para plazos fijos) entiende que para defender al peso no queda otra alternativa que paguen más tasa y así terminar con la aberración de los tipos de interés tan negativos.
 
Sin embargo, el accionar de Fábrega, a pesar de haber sorprendido por su firmeza, no necesariamente despierta apoyo unánime. De hecho, está ocurriendo en estos días una situación que se inscribe dentro de una de las peores pesadillas del kirchnerismo: ser "corrido por izquierda". En otras palabras, ser acusado por los economistas "liberales" de aplicar métodos de ajuste clásico que traen como consecuencia un enfriamiento de la economía. El argumento principal es que, luego de emitir dinero para asistir al Gobierno -que necesita financiar gasto público- lo que hace el Banco Central es compensar retirando pesos del mercado. Y esto implica dos "pecados":
 
1. Reconocer a la emisión monetaria como un factor que fogonea la inflación. Esto pega en la línea de flotación del "relato", dado que es algo que los ideólogos K han desmentido siempre. Por caso, Kicillof, antes de ser ministro, ridiculizó este argumento al hacer notar que en Estados Unidos se había cuadruplicado la base monetaria y en la Unión Europea se había duplicado y, sin embargo, no sólo no subían los precios sino que había deflación.
 
2. Hacerle pagar el costo del ajuste al sector privado. Porque la "aspiradora" de Fábrega ocurre al mismo tiempo que el gasto público no da muestras de bajar. Es decir, se cierra el grifo de pesos a las empresas y a los particulares -que ahora tienen crédito más caro- haciéndoles pagar la falta de ajuste en el Estado. Si bien es tradicional que en el inicio de todos los años haya un retiro de pesos del circuito -para compensar la expansión que siempre ocurre en diciembre-, la magnitud de dicho ajuste no deja de sorprender.
 
En los dos primeros meses del año, la base monetaria -el dinero circulante más los depósitos de los bancos en el Central- se contrajo en casi $30.000 millones, al tiempo que las tasas tuvieron una abrupta suba que las ubica ahora en niveles de hasta un 30% anual. El economista Jorge Vasconcelos, así se expresa: "El sector privado deberá remar contra el encarecimiento del crédito, en un contexto de mayor presión tributaria, tanto de origen provincial y municipal como por la mayor incidencia de la falta de ajuste por inflación en el impuesto a las Ganancias".
 
En tanto, Salvador Di Stefano, un influyente consultor agropecuario con sede en Rosario, advierte sobre los efectos que empiezan a sentirse sobre el ámbito empresarial. "El mismo Banco Central que emite pesos para financiar al Estado, se los quita al sector privado y le devuelve una tasa de interés muy elevada, que terminará impactando en la actividad económica", afirma. Él es de los que cree que la actual política económica no será sostenible en el tiempo. "Si el Gobierno emite moneda y luego la absorbe, está generando un déficit en el Banco Central que lo terminará cubriendo vía más devaluación", advierte. Apunta que la consecuencia en el corto plazo será la de "un mayor endeudamiento, tasas de interés muy elevadas y crédito caro y escaso".
 
Pero, más inquietante, es el efecto de largo plazo. Porque según Di Stefano, al retirar pesos emite títulos que pagan un alto interés, lo cual ya está significando la obligación de responder por $45.000 millones en el año. En otra acusación que resulta indigerible para los seguidores del "modelo", destaca que para los bancos puede tornarse más atractivo prestarle dinero al Banco Central que a las empresas, lo cual trae reminiscencias de las épocas de la llamada "patria financiera". Un bolsillo ahorra, el otro gasta más.
 
No es el mejor momento para ser militante kirchnerista: antes las críticas apuntaban a que el Gobierno se parecía al régimen chavista; ahora se lo empieza a comparar con las políticas de Martínez de Hoz que llevaron a la "patria financiera" y a la ruptura de la "tablita".
fuente: iprofesional
Gracias por visitar...volvé pronto!!!!

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