sábado, 28 de diciembre de 2013

Volvió el dólar Messi. Claves para entenderlo.

1-Un aumento del dólar blue afecta a la economía real.
El dólar blue tocó los $ 10,10. Si bien se cree que el grueso de la economía se rige por el dólar oficial, la cotización del paralelo afecta a algunos mercados. Hablamos de expectativas, donde la gente, en función de la historia y su experiencia, reacciona como mejor sabe hacerlo. El sector inmobiliario es quizás el más significativo, porque las propiedades compiten con el dólar como reserva de valor, al querer pesificar el mercado, la referencia va a seguir siendo la moneda norteamericana. Otro aspecto a no descartar es el industrial. Es que en muchos casos, y ante la falta de insumos que ocasiona la política de administración de las importaciones, los insumos que escasean son ofrecidos en el mercado a valor blue por más que el importador lo haya traído a dólar oficial. En última instancia, muchos precios de la economía terminan ajustando a esta cotización.

2-Si se agranda la brecha, hay menos dólares en las reservas.
Es sencillo. La cotización del blue influye sobre los incentivos que operan en el sector del agro para vender los granos y que los exportadores liquiden sus dólares en el mercado de cambios. Hoy, por cada dólar que se vende al exterior, el Gobierno le paga al exportador de soja $ 4,23. Con esos pesos, el productor podría querer dolarizar una parte de su liquidez, pero cuando quiere hacerlo, necesita otros $ 5,87 para completar el valor del blue. Así, la brecha que existe entre el dólar-soja y el blue es de 138%. A mayor brecha, menor estímulo para vender al exterior y liquidar dólares. Máxime si se tiene en cuenta que el Banco Central ha aumentado el ritmo de devaluación.
 
3-El mercado del blue tiene vida propia más allá de la Anses.
El blue tiene vida propia: en algunos tramos de su ciclo histórico, prácticamente superó el 100% de brecha con el oficial; en ocasiones sufrió de escasez de oferta o de fuerte demanda. Son dólares del sector privado, ahorros, etc. Como cualquier mercancía, tienen un precio que lo pone el mercado. A tomar nota: existe en la bolsa el dólar financiero y el contado con liquidación, dos cotizaciones que le sirven de referencia. El “financiero” es un mecanismo legal para comprar dólares blancos mediante la adquisición de títulos públicos y la venta simultánea contra dólares. El contado con liquidación, que es similar pero con la venta en el exterior, sufre las intervenciones ‘higiénicas’ de la Anses (y bancos amigos) para “bajarlo”. Estos dos tipos de cambio, ubicados en los $ 8,60 aproximadamente, son la muestra fehaciente de los intentos del Gobierno por acercar la brecha que une el dólar oficial con el informal, hoy en 55%.
 
4- Los $ 10 no son un techo pero sí probablemente un piso.
Atención En los últimos 25 meses, el blue se devaluó 146%. En el último año, sin embargo, mientras la cotización oficial del dólar cerrará por encima del 30% de incremento, la del blue fue del 48% si se toma como referencia el punto de arranque de $ 6,80. La fuerte escalada se vio atenuada en la segunda parte del año, cuando el Gobierno decidió intervenir ese mercado para mantenerlo por debajo de la línea psicológica de los $ 10. ¿Por qué la Casa Rosada buscó marcarle el pulso al blue? Como se dijo, una brecha como la actual, se “come” la rentabilidad de muchos sectores que tienen sus ingresos ajustados al oficial mientras que sus costos crecen al ritmo del blue. En un marco con pérdida de reservas, pérdida de competitividad, pérdida de rentabilidad, la próxima gran batalla será para generar mayor productividad y por “ajustar” las expectativas inflacionarias. Con una brecha del 55%, la pregunta es si el mercado decidirá mantener esa distancia del “oficial” o, en cambio, redoblará el impulso.

5- El dólar turista tiene ‘vasos comunicantes’ con el blue.
Si sube el oficial, sube el turista porque a los $ 6,50 del viernes hay que sumarle el 35%. Sin embargo, si el blue se distancia del oficial, entonces habrá menor entrada de dólares y por ende menos reservas. Esto hará que el Gobierno redoble el torniquete del cepo y, por lo tanto, que la AFIP libere menos dólares para el turismo. La última ventanilla que quedaba abierta para comprar divisas a precio oficial (y que generó que en 2013 el saldo negativo se amplíe y supere los u$s 6.000 millones) quedó virtualmente clausurada cuando, hace algunas semanas, el recargo de la AFIP para consumo en dólares con tarjeta o por ventanilla pasó del 20 al 35%. De esa forma, se dio origen a la segunda cotización “oficial” que hoy puede mostrar el mercado cambiario: la del dólar turista, hoy en $ 8,77, unificado tanto para aquél que realiza operaciones vía Internet con tarjeta de crédito, el turista y el que demanda divisas a la AFIP. Es en este terreno donde mayores ventajas lleva el cepo: una meta de corto plazo bien podría ser acercar o unificar el “dólar turista” con las variantes vinculadas al mercado bursátil (financiero y liqui).
fuente: cronista
 
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jueves, 26 de diciembre de 2013

El Imperio del Consumo.

La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. 

Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar. La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. 

El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor.

La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo. El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. 

Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En la fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar.Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica. 

EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial. 

«Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas».

 Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar. 

 El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la población joven de los países más desarrollados. Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico. Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. 

Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald’s, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.

 El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald’s no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald’s dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald’s de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín. 

Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald’s viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restorán de Montreal en Canadá: el restorán cerró. Pero en el 98, otros empleados e McDonald’s, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness.

Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. 

Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra. Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece.

Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. 

La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar? 

El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas. 

Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación, y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiene den las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio. Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas?

El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial. El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas.

La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo. 

Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? 

La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta. 

Eduardo GALEANO Montevideo, Uruguay.

domingo, 22 de diciembre de 2013

viernes, 20 de diciembre de 2013

Inflación superaría el 35% en 2014.

La inflación esperada por la gente para los próximos doce meses a nivel nacional se ubica, en promedio, en 35,3 por ciento, según un sondeo dado a conocer hoy por la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). 

El informe del Centro de Investigación en Finanzas de la casa de altos estudios precisó que las perspectivas inflacionarias, según el promedio, ascendieron 2,6 punto porcentual con respecto a la medición del mes pasado. Asimismo, la brecha entre la inflación prevista por los sectores de menores recursos y los de mayores ingresos es de 4,9 puntos porcentuales.

La inflación esperada aumentó en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, y se mantuvo prácticamente invariable en el interior del país en relación al relevamiento de noviembre. Las expectativas inflacionarias en la ciudad de Buenos Aires alcanzaron a 34,5 por ciento, lo que representa un repunte de 4,2 puntos en la comparación mensual. 

En el Gran Buenos Aires, las perspectivas de inflación se ubicaron en 35,4 por ciento, lo que implica un alza de 3,4 puntos respecto a noviembre. Por su parte, la estimación inflacionaria para dentro de un año en el interior del país, para el promedio, se ubicó en 35,5 por ciento, con lo cual verificó una leve suba de 0,2 punto con respecto a la medición anterior.

La proyección de inflación para la gente de menores recursos para dentro de un año, según el promedio, es de 38,1 por ciento, lo que significa un incremento de 3,3 puntos en relación a noviembre. Para el sector de mayor poder adquisitivo, la estimación inflacionaria es de 33,2 por ciento, con lo cual se elevó 1 punto en la comparación mensual. 
fuente: fortuna

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sábado, 14 de diciembre de 2013

Canasta K.

El primer paso en la política de acuerdos de precios que el Gobierno está negociando con las grandes cadenas de supermercados, mayoristas y comercios de proximidad, se corporizó ayer en el lanzamiento de una canasta navideña que tendrá seis productos a un precio de 39 pesos.
 
En una reunión de la que participaron el ministro de Economia Axel Kiciloff, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich y el secretario de Comercio, Augusto Costa, entre otros funcionarios, se aunó el criterio de que las cadenas pudieran ofrecer la canasta que consta de: un pan dulce, un budín, un paquete de garrapiñadas, dos turrones y una sidra.
 
La canasta va a estar disponible en todo el país en los supermercados Coto, La Anónima, Wallmart, Chango Más, Jumbo, Disco, Vea, Carreofour, Libertad y Día. A diferencia de otras canastas que los supermercadistas solían consensuar con el ex secretario Guillermo Moreno, en este caso se trató de “homogeneizar” las distintas propuestas de las cadenas en una sola lista, “aunque las marcas de los productos pueden ser diferentes en cada supermercado”, señaló una fuente del sector.
 
La reunión –que fue “larga”, según algunos asistentes– se hizo en el Salon Norte de la Casa Rosada con la presencia de los presidentes de las siete cadenas más grandes de supermercados. “Nos preguntaron muchas cosas del sector” agregó otro representante del sector.
 
También se pasó revista a la marcha del acuerdo de precios congelados que el Gobierno busca implementar en unos 120 productos de consumo masivo, cuyo lanzamiento está previsto para la semana que viene y su inicio para el 1° de enero del 2014.
 
Otro tema que los supermercadistas abordaron con los funcionarios fue el de la seguridad. Preocupados por los saqueos de los últimos días y ante los rumores que se tejen en este sentido para el 20 y 21, las cadenas habrían pedido, a su turno, cierta protección de parte de las autoridades, para prevenir cualquier desborde. Parte de esa negociación tuvo lugar el jueves, cuando las cadenas se reunieron con el gobierno bonaerense y el subsecretario de Seguridad Sergio Berni.
fuente: ieco
 
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miércoles, 11 de diciembre de 2013

El Aumento a la Policía y las cuentas de las Provincias.

Las provincias destinarán aproximadamente $ 1.500 millones en 2014 para afrontar los aumentos salariales otorgados a las fuerzas policiales en los últimos días. Sin embargo, el número podría ampliarse a $ 66.000 millones si, tal como estiman los analistas, el incremento promedio de 30% otorgado a la policía se replica en las demás áreas de la administración pública. 

Las erogaciones destinadas al personal insumen el 55% del gasto primario de las provincias y es por eso que un incremento en los sueldos del sector público impacta de lleno en las finanzas de cada distrito. 

En 2013 la situación fiscal de las provincias mejoró producto del aumento de los fondos coparticipables y del incremento de la recaudación provincial pero las subas otorgadas por decreto en estos últimos días a los agentes policiales amenazan con deteriorar el escenario en 2014

Según estimaciones el gasto en personal ascendería a $ 260.000 millones en 2013 en el consolidado de las 23 provincias y la Ciudad de Buenos Aires. “"Aunque suene paradójico, el gasto en personal actuó como ancla para el crecimiento de las erogaciones provinciales al caer 4 puntos su tasa de expansión respecto a 2012, lo que lo ubicó como la partida de menor crecimiento”", destacó Guillermo Giussi, especialista en finanzas públicas. El economista estimó que por cada punto de aumento salarial que se otorgue el año que viene el gasto provincial se incrementará en $ 2.200 millones. “"Nosotros estimábamos que el año que viene el incremento salarial promedio iba a ser de 26%, por lo que el gasto iba a crecer en $ 57.000 millones para financiar la suba y si a eso le sumas adicionales por antigüedad la cifra llegaba hasta los $ 80.000 millones”", explicó Giussi. 

Sin embargo, a raíz de los aumentos de 30% promedio otorgados a las fuerzas de seguridad, las cifras debieron ser vueltas a estimar. En este sentido se calcula que si los incrementos salariales llegan al 30% en promedio se tendrían que sumar casi $ 10.000 millones más, por lo que el gasto de personal se incrementaría a $ 66.000 millones y a casi $ 90.000 millones si se tienen en cuenta los adicionales. "“En particular, por cada punto de aumento salarial otorgado a las fuerzas de seguridad el gasto se incrementará en $ 330 millones”", especificó Giussi. 

En los últimos días, la mayoría de los gobernadores establecieron por decreto un sueldo mínimo para las fuerzas de seguridad de entre $ 8.000 y $ 9.000. En algunas provincias las alzas fueron aceptadas mientras que en otras continúa el conflicto porque los policías piden que el sueldo supere los $ 10.000 y en algunos casos reclaman hasta $ 12.000 en mano. La situación ya se contagió a otros ámbitos y por ejemplo los médicos de hospitales públicos de 11 provincias ya lanzaron un plan de protesta por mejoras laborales.

A modo de ejemplo, ayer Tucumán otorgó por decreto un aumento de 35% que dejaría el salario básico en $ 8.500 mientras que en Santa Fe el gobernador Antonio Bonfatti elevó a $ 8.100 el salario del agente inicial sin antigüedad, mejoró los adicionales y otorgó sumas no remunerativas en torno a $ 2.000 para terminar con las protestas. Ya el lunes el gobierno de la provincia de Buenos Aires había otorgado una suba de 65% y llevó el salario básico a $ 8.570 mientras que en Entre Ríos el sueldo inicial de bolsillo de los efectivos ascendió a $ 8.434. En este caso, el gobernador de la provincia, Sergio Urribarri, admitió que no cuenta con los fondos para solventar el aumento prometido pero aseguró que “los conseguirá para poder pagarlo”. 

Aunque no lo hayan hecho explícito, el mismo escenario enfrentan casi todas las provincias que este año volverán a cerrar sus cuentas en rojo
fuente: cronista 

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domingo, 8 de diciembre de 2013

Economía del parche.

El aumento del 20 al 35% en el recargo por adelanto de impuestos a los gastos con tarjeta en el exterior y a la compra de divisas para viajes es un parche agujereado para moderar la incesante pérdida de reservas. La ineficacia de la herramienta ha quedado claramente demostrada hace ya tiempo, por lo que cuesta comprender el empecinamiento oficial.
 
De acuerdo al balance cambiario del Mercado Único y Libre de Cambios (se omite comentario irónico sobre la denominación) del tercer trimestre del año que difundió días atrás el Banco Central, el nuevo esquema de retención por adelanto de impuestos que comenzó en agosto del año pasado con un recargo del 15% y que en marzo pasado había sido elevado al 20%, de nada sirvió para frenar el gasto en turismo en el exterior. Es así que en los primeros nueve meses de 2013 los rubros Turismo, Viajes y Pasajes acumulan una salida de u$s 7.736 millones, que es un monto superior a lo que se gastó en todo el año pasado. En setiembre pasado (último dato disponible) el drenaje fue de u$s 867 millones, un 15% más que en igual mes de 2012, que fue el primero de vigencia del recargo. Según datos no oficiales, en octubre y noviembre la tendencia se habría acentuado, lo que indujo al nuevo equipo económico a insistir con más de lo mismo.
 
La resolución 3378 de agosto de 2012 que impuso la primera retención del 15% fundamentaba la medida en ‘razones de administración tributaria y equidad’. Desincentivar el turismo al exterior cuando faltan divisas bien puede justificarse con criterios de equidad y de asignación prioritaria de algo escaso. El problema es que así no lo consiguen. En primer lugar, la mayoría de los que realizan grandes gastos con tarjeta calcula que va a deducir el recargo de su declaración de Ganancias o Bienes Personales o, eventualmente, luego de un trámite en la AFIP, por lo cual el encarecimiento se reduce al costo financiero entre el gasto y el recupero. Pero incluso si el recargo se considerara un encarecimiento, dada la percepción acerca de lo barato que está el dólar, muy probablemente el gasto se comportaría con poca elasticidad-precio al actual nivel de tipo de cambio oficial.
En este tema el Gobierno está actuando con timidez y a media agua. Evidencia su objetivo de desacelerar el gasto en turismo y el uso de tarjeta, pero no se anima a desdoblar el tipo de cambio para esos gastos específicos. Y esa hibridez no sólo resulta ineficaz, sino que además le significa pagar el costo político del malestar que genera en aquellos que creen que gastar dólares baratos en un derecho humano básico y que el Estado no tiene por qué afectar su libertad de movimiento. Un dólar turista y tarjeta más caro serviría también para apuntalar el ingreso por turismo receptivo.
 
En setiembre pasado los extranjeros vendieron en el mercado oficial u$s 96 millones. Arriban menos turistas, y muchos venden sus dólares en el mercado negro. A excepción de junio de este año, cuando apenas ingresaron 87 millones, hay que remontarse al año 2003 para encontrar un mes con menos de u$s 100 millones liquidados por turistas. El balance cambiario de los primeros nueve meses refleja algunas otras causas de escasez de divisas. Por ejemplo, el déficit del sector automotriz alcanzó los u$s 5.704 millones, y los pagos por importación de energía u$s 9.100 millones (la factura de importación en ese período fue de 10.200 millones). En base a esos números puede establecerse la siguiente equivalencia: los déficit por turismo, autos y energía suman aproximadamente las divisas que genera el complejo sojero.
 
Si el ataque al déficit de turismo ha sido ineficaz, los abordajes al desequilibrio automotriz y energético no despiertan optimismo inmediato. El proyecto de ley para gravar los autos caros tal vez sirva para reducir la importación de vehículos de alta gama totalmente importados, pero el problema de fondo de ese sector es su bajísimo y decreciente grado de integración local, que sigue intacto.
 
En cuanto a la energía, la apuesta a Vaca Muerta es una esperanza a mediano plazo y la anunciada extensión del plan de estímulo a la producción de gas tiene un potencial muy acotado. Por su parte, la corrección al monumental despilfarro de subsidios sigue en gateras.
 
El balance cambiario revela que si bien el Gobierno ha relajado un poco las autorizaciones para girar dividendos y utilidades, el grifo sigue muy cerrado. En 2010 y 2011 la remisión neta de ganancias al exterior había superado los u$s 4.000 millones anuales; en 2012 bajó abruptamente a 223 millones; y en los primeros nueve meses de este año fue de 902 millones.
 
Las cuentas externas están empeorando y hay luz amarilla encendida, pero todavía hay margen y tiempo para equilibrar los números. El actual nivel de reservas alcanza para cubrir más de una vez y media los vencimientos de intereses y capital de la deuda externa del sector público de 2014 y 2015.
 
Para finalizar, un dato relevante sobre el sector externo. Si no se hubieran usado divisas del Banco Central para cancelar con el FMI y otros pasivos, hoy habría en las reservas u$s 39.200 millones adicionales. Es decir cerca de 70.000 millones. Fue un uso inteligente para ganar desendeudamiento. Lo lamentable es todo lo que se perdió en simultáneo.
fuente: cronista
 
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martes, 3 de diciembre de 2013

Aumenta el recargo a los consumos en el exterior.

La Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) elevó del 20 al 35% la percepción que cobra como adelanto de impuesto a las Ganancias y Bienes Personales en los consumos con tarjetas de crédito y débito realizados en el exterior del país. Además, según informa mediante el Boletín Oficial, extendió el recargo a la compra de dólares para turismo. 

La norma quedó firme con la publicación de la Resolución 3550 en el Boletín Oficial, que modifica la anterior Resolución General Nº 3450. El aumento afecta a la adquisición de cualquier divisa extranjera y a cheques de viajero, a las transferencias al exterior "por turismo y viajes". 

La alícuota del 35 por ciento se calculará "sobre el monto de la operación de cambio". "Deberá ser ingresado mediante el procedimiento de transferencia electrónica de fondos establecido por la Resolución General Nº 1.778, su modificatoria y su complementaria, a cuyo efecto deberán generar el correspondiente volante electrónico de pago (VEP). Previo a validar la operación, las entidades autorizadas exigirán copia del mencionado volante", explicita la resolución.

"De tratarse de operaciones expresadas en moneda extranjera deberá efectuarse la conversión a su equivalente en moneda local, aplicando el tipo de cambio vendedor que, para la moneda de que se trate, fije el Banco de la Nación Argentina al cierre del último día hábil inmediato anterior a la fecha de emisión del resumen, liquidación y/o factura o documento equivalente", precisa la resolución firmada por el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray. 

La resolución señala dos plazos de aplicación de la norma. Por un lado, para "las operaciones de venta de moneda extranjera para gastos de turismo y viajes", la medida rige a partir de hoy mismo. En cambio, se otorga un plazo especial, hasta el próximo lunes 9 de diciembre, para que las entidades autorizadas a operar en cambios por el Banco Central adecuen sus sistemas internos, a efectos de cumplir con lo dispuesto en esta resolución. "Hasta dicha fecha, el adquirente de moneda extranjera deberá efectuar un pago a cuenta del Impuesto a las Ganancias o del Impuesto sobre los Bienes Personales" en función del aumento del 35%. 

Ayer, el dólar oficial cerró a $6,16, por lo que el "dólar turista" equivale ahora a $8,31, un número cercano al dólar blue, que hasta ayer se conseguía a $9,18. A media mañana se conocerá el impacto de la medida sobre el mercado negro de divisas. Esta resolución de la AFIP se publica en medio de rumores -que tomaron fuerza durante el reposo de Cristina Kirchner y los posteriores cambios en el gabinete- sobre un posible desdoblamiento cambiario para paliar la fuga de dólares. 

En marzo, el Gobierno había aplicado un incremento del 15 al 20 por ciento en el impuesto. Esta vez, se informó: "Decisiones de política económica tornan aconsejable extender la utilización del impuesto a las Ganancias y/o Bienes Personales] a la venta de moneda extranjera para gastos de turismo y viajes.
fuente: la nación

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domingo, 1 de diciembre de 2013

Necesidad versus discurso.

Las necesidades pudieron más que los discursos, y el Gobierno insinuó algún tipo de cambio político para enfrentar el mayor problema que tiene hoy el sector público: la persistente caída en el nivel de reservas.
 
Todo gesto es bueno, pero a veces es insuficiente para obtener más dólares y, al mismo tiempo, recuperar el negado atraso cambiario. Tanto el acuerdo con los litigantes en el CIADI como la generosa indemnización a Repsol y la creación de una unidad especial para negociar con otros acreedores importantes, como el Club de París, pueden ser importantes. Pero no le aportaron un sólo dólar “nuevo” al Banco Central.
 
Con microdevaluaciones diarias, los exportadores irán liquidando sus divisas con cuentagotas y como la distancia entre el dólar oficial y el blue sigue por encima del 50%, nadie se dedicará a ingresar divisas para liquidar a precio de saldo. Y esta política económica tiene otra dimensión: el tiempo. “Si todo le sale bien al Gobierno, y eso nos conviene a todos, los frutos los va a recoger el triunfador de 2015”, comentó un ácido economista vinculado a un banco de inversión.
 
En noviembre, el BCRA, el Nación, el Provincia y la ANSeS volcaron unos US$2.000 millones, en billetes y bonos, para achicar la brecha entre los dos dólares. Y sirvió poco: se redujo entre 5 y 7 puntos. Según Econviews, la convergencia entre el precio de los dos dólares llevaría, ceteris paribus , unos seis meses. Casi una eternidad para muchas economías regionales y un período muy prolongado para soportar el impacto inflacionario de ese ajuste cambiario.
 
Esto, claro, sin contar el costo en dólares billetes y en el aumento de la deuda por lanzar al sector privado deuda que ahora está en manos públicas. Ahora, los economistas comentan que hasta la llegada del cepo, la fuga de capitales la financiaba el sector privado que ingresaba capitales por diversos motivos. Ahora, en cambio, la cuenta de capital del balance de pagos está al rojo vivo porque las divisas se van pero nadie las ingresa. Y para dar vuelta esto, no hay discurso que valga.
fuente: ieco
 
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