domingo, 20 de noviembre de 2011

Recortar los subsidios.

Teniendo en cuenta los servicios públicos y el transporte hoy los sectores de más bajos ingresos destinan cerca del 5,7 de su ingreso al pago de tarifas. Los sectores pudientes, por su parte destinan 2,8% de sus gastos totales al pago de los servicios.

A partir la salida de la convertibilidad, los sucesivos gobiernos decidieron implementar y continuar con un sistema de subsidios a las tarifas de los servicios públicos y el transporte que les permitió a los consumidores abonar valores menores a los reales por su utilización. Dichas medidas, junto con un aumento generalizado del resto de los precios de la economía, ha cambiado la estructura de gasto de los argentinos, sea cual fuere su nivel de ingresos.

Desde el 2001, los precios del servicio eléctrico, el gas, el agua y el transporte solo han registrado leves aumentos, mientras que en los rubros de alimentos, esparcimiento, educación, indumentaria o atención médica, se observaron fuertes alzas debido a la inflación. De esta manera, el peso del gasto en servicios públicos fue disminuyendo con el paso del tiempo hasta llegar a un piso mínimo en el 2011. Observemos, por ejemplo, cómo ha cambiado la estructura del gasto en aquellas personas que pertenecen al decil más bajo de ingresos (es decir, el 10% de la población que recibe los menores ingresos – decil 1) y que habitan en la Ciudad de Buenos Aires o en GBA.

Hace 10 años, este estrato de la población dedicaba cerca de 16,8% para afrontar los gastos en servicios: 7,2% en transporte público, 3,3% en el servicio de gas, 3,6% en electricidad y 2,7% en el servicio de agua potable. El resto del gasto (83,2%) se distribuía en el consumo de otros bienes y servicios (alimentos, indumentaria y demás). Pero como durante todos estos años las tarifas se mantuvieron sin grandes cambios mientras que los precios de la economía continuaron aumentando, el peso relativo del gasto en servicios y transporte cayó hasta un 5,7% durante este año, y el resto del consumo llegó hasta un 94,3%.

En el caso del decil más alto de ingresos (decil 10), la evolución fue similar: en el 2001 el porcentaje de gastos en transporte y servicios sobre el total ascendía hasta un 7,4%. Este año, dicha participación cayó hasta un 2,8%, siendo la caída más acentuada la del peso del transporte y el agua.

Cabría preguntarse, entonces, en qué porcentaje debería aumentar el gasto de los consumidores en caso de que el Gobierno Nacional decida avanzar con la quita de subsidios. La decisión de eliminar los subsidios al uso de electricidad, gas y agua para entidades financieras, aeropuertos internacionales o empresas telefónicas (entre otras), no tendría en principio un impacto directo en el bolsillo en los consumidores. Tampoco lo tendría el traspaso del subte a la órbita del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, si es que se decide mantener subsidiado el pasaje del mismo.

De todos modos, en caso de que se avance en la eliminación de subsidios sobre las tarifas residenciales o sobre el transporte público (tanto en el caso del subte porteño como en el de los colectivos), los argentinos deberán readecuar sus gastos, de manera tal de poder hacer frente a los aumentos que deberían enfrentar. El impacto, por supuesto, no será el mismo para todos los estratos socioeconómicos.

El decil más bajo, por ejemplo, dedica actualmente un 2,4% de sus ingresos para cubrir el gasto en transporte. En caso de que las tarifas del subte y el colectivo se dupliquen (un aumento del 100%), el gasto de este estrato debería aumentar entonces en la misma proporción en la que consumen actualmente: un 2,4%. Asimismo, si la tarifa del subte aumenta desde $1,10 hasta $3,40 y el boleto medio de colectivo pasa de $1,20 a $4,00 (tal como se estimó en los últimos días si se quitan los subsidios), el gasto de este estrato debería crecer un 5,3%. En cambio, en el decil mas elevado, una suba del 100% en las tarifas implicaría una suba del gasto del 1,5%. Y si los precios llegan hasta los sugeridos, deberán gastar un 3,3%.

Por otro lado, si se duplican las tarifas de los servicios de electricidad, el estrato más bajo deberá gastar un 1,2% más para poder pagar las facturas, mientras que el más alto deberá aumentar sus erogaciones en un 0,5%. En el caso de que se dupliquen los precios del gas natural, dichas cifras también llegan hasta el 1,2% y 0,5% respectivamente. Mientras que si el despacho de agua sale un 100% más caro, la población del decil 1 deberá soportar un aumento del gasto del 0,8% y la del decil 10 un alza del 0,3%. Por lo tanto si aumentan en forma simultánea las tarifas en esos valores, el impacto sobre la canasta de los sectores menos pudientes será de un 3,3% más de gasto. Si ello se le suma la posibilidad de que también se doblegue la tarifa en el transporte, el gasto avanzaría cerca de un 5,7% en estos estratos.

Es interesante observar también como quedaría la estructura de gastos final de los consumidores si se modifican las tarifas en caso de que se decida eliminar los subsidios a las mismas y que estos deban asumir todo el aumento de costos. Por ejemplo, si el boleto medio de los colectivos urbanos (que hoy se encuentra en $1,20) pasa a los $4,00 y el pasaje de subte sube desde $1,10 hasta $3,40, la participación del gasto en transporte sobre el total de los ingresos registraría un importante aumento: en el caso del estrato menos pudiente, pasaría del 2,4% hasta un 7,3%, mientras que en el caso de lo más pudientes pasaría desde un 1,5% hasta un 4,7%. En ambos casos, esta expansión significaría una disminución del consumo de otros rubros, como alimentos, indumentaria o entretenimiento en la misma proporción en la que suban los servicios públicos, siempre y cuando se mantenga el mismo nivel de uso de los servicios.

En el caso del consumo residencial de electricidad, gas y agua, las personas menos pudientes dedican un 3,3% de sus ingresos a cubrir el costo de las tarifas de servicios y los más pudientes tan sólo un 1,2%. En ambos casos, por cada 10% de aumento que se registre en simultáneo de los tres servicios, los sectores bajos deberán destinar un 0,33% más de sus ingresos para afrontar la suba de las tarifas, y aquellos de mayor poder adquisitivo un 0,12%. Y si se llegasen a duplicar las tarifas, el gasto de los servicios en el total de la estructura de gastos de los menos pudientes ascendería hasta un 6,3%, mientras que en los más adinerados alcanzaría el 2,5% .Todo esto, se haría a expensas de disminuir otros consumos

Al analizar cada servicio en particular, se observa que actualmente el decil más bajo dedica un 1,2% de sus ingresos al consumo de electricidad, mientras que en el más alto dicha cifra es del 0,5%. Esto implica que por cada 10% que aumenten las tarifas eléctricas, la participación del gasto en este servicio sobre el total aumentará poco menos de un 0,12% para los primeros y un 0,05% para los segundos.

En el caso de la distribución de gas, un alza en las tarifas del 10% tendría un impacto similar al caso del servicio eléctrico, dado que el peso en la estructura de gastos de los consumidores, tanto para los menos pudientes como para los que cuentan con un mayor caudal de ingresos.

Por último, en el caso del agua, la suba del precio del m3 no tendría un impacto menos significativo, dado que ocupa un peso menor en los gastos corrientes de las familias. En los hogares con menos ingresos, su participación asciende hasta un 0,84% del total de las erogaciones, y en las más pudientes hasta el 0,3%. Cada un 10% que se registre de aumentos en las tarifas, la participación subiría un 0,08% en el primer caso y un 0,03% en el segundo.

Como consecuencia de los posibles aumentos que podrían registrarse en los próximos meses, si es que finalmente se decide avanzar con la quita de subsidios, se observaría una suba del gasto en transporte y servicios que disminuiría el nivel de consumo en otros bienes y servicios, a menos que la expansión en el gasto se vean acompañados por un aumento salarial.
fuente: mercado

Gracias por visitar...volvé pronto!!!!

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