lunes, 4 de abril de 2011

La mejora en ganancias no es suficiente.

Pese a la ofensiva de Guillermo Moreno sobre las consultoras que elaboran índices de precios y a la suba del 20 % en el mínimo no imponible, el escenario salarial no cambiará. Esto es, los gremios seguirán con sus demandas, sin moverse demasiado de los términos en que plantearán la negociación. El secretario de Comercio Interior logró, si se quiere, meter cierto miedo en las algunas de las consultoras. Pero si su objetivo era que los sindicatos no siguieran, de un modo u otro, los índices privados, el resultado del operativo da cero.

Ricardo Echegaray, el jefe de la AFIP, dijo que se habían analizado las declaraciones juradas de las empresas respecto de todos los trabajadores en blanco –más de 7 millones– y que, así, con el ajuste del piso de Ganancias sólo el 10 % estará alcanzado por el impuesto. En línea con ese relato, Hugo Moyano afirmó que 600.000 quedarán afuera. Pronto serán fotografías antiguas. Porque en ninguna de las dos están contemplados los próximos aumentos salariales , que en muchos casos, si no en todos, harán retroceder la película al punto de partida.

Hay una cuenta sencilla. Si un trabajador hoy alcanzado por Ganancias recibe una mejora mayor al 20 %, luce evidente que en poco tiempo estará igual que ahora. Paradoja extrema: la medida puede potenciar las demandas. Categorías de camioneros, bancarios, petroleros, metalúrgicos y varias más con sueldos relativamente elevados seguirán pagando el impuesto. O sea, cualquier trabajador soltero que después del incremento salarial gane más de $ 5.782 mensuales. O un casado con dos hijos que pase a percibir arriba de $ 7.998.

Puede ser legítimo, en alguna interpretación, que sueldos de esos montos paguen Ganancias. Claro que, además, pegan en los bolsillos el IVA del 21 % y toda una serie de gravámenes directos e indirectos. Si se consideraba que antes la presión tributaria sobre los asalariados era alta, pues seguirá siendo alta . El punto es siempre el mismo: un círculo vicioso en el que los retoques al piso corren por detrás de los aumentos en los sueldos. Obviamente, la culpa no es de los aumentos , sino de un proceso inflacionario que los alimenta. Según cálculos privados, desde 2008 el mínimo fue actualizado un 44 %. Y los salarios, incluyendo una estimación para 2011, subirían alrededor del 85 %.

Pasto para el proyecto de la oposición, esta semana bloqueado por el oficialismo en Diputados, con el apoyo de los legisladores sindicales. Propone elevar el mínimo entre 47 y 53 %, y no el de ahora, sino el de 2010. Queda claro, entonces, que el Gobierno no ha sido demasiado generoso con su propio bolsillo . Igual que tantas veces, cuidó la caja fiscal.

Algo parecido a Ganancias sucede con el 24 % –27 % con extras– acordado por camioneros y santificado en la Casa Rosada. Ya suenan dudas de que el resto de los sindicatos sigan esa pauta, pasando por encima del objetivo que se persiguió al apurar el anuncio. Aspiración grande de los empresarios es que las demandas gremiales vayan parejas al 24 %. Tan grande como su incertidumbre sobre el efecto final de la movida. Los bancarios han comenzado a menear un 30 %, para una paritaria que todavía no está abierta. En las entidades financieras dicen que intentarán algo menos. En la UOM arrancaron con un 15 %, con la idea de avanzar por otro 15 %. Los petroleros ya han advertido que el 24 % no los conforma.

Hay salarios muy bajos que, por lo mismo, difícilmente sean ceñidos a la pauta de camioneros, como los de mercantiles y gastronómicos, que en promedio no llegan a los $ 3.000 mensuales. Y sindicatos estimulados por la situación financiera del sector, como bancarios y petroleros.

Las situaciones relativas no son las mismas. Y además con un precedente sentado por el propio Gobierno, cuando convalidó un aumento del 27 % para los docentes. Todo entra en la puja por los ingresos: nada casual, si el telón de fondo es, nuevamente, una inflación que no para .

Fuera de la pompa que la rodeó y a pesar de los discursos, la medida anunciada ayer en la Rosada puede tener poco o ningún costo fiscal. Simplemente, porque los aumentos salariales compensarán la supuesta pérdida de ingresos. Mientras tanto, el proceso inflacionario seguirá engrosando la caja, por lo mismo consentido por el Gobierno. Que aporta recursos rápidos y licúa gastos del Estado.

El universo de asalariados alcanzado por el impuesto pronto se parecerá al que había antes del anuncio. Y si Ganancias es considerado un gravamen progresivo, porque cae sobre los sectores de mayores ingresos, a esta altura cada vez más se parece a uno regresivo .

Habituado al escaso apego a las normas legales, el Gobierno resolvió a través de un decreto. Igual que en la reforma anterior. Lo hizo pese a que la Constitución determina, claramente, que los cambios impositivos deben salir por ley del Congreso . No es un procedimiento insustancial, aun cuando en alguna medida beneficie a un sector de los trabajadores. Si en 2012 una ley no convalida todo, todo se cae. Probablemente la haya, pero de nuevo han quedado al descubierto los usos y costumbres del kirchnerismo.

Para la enorme cantidad de trabajadores alejados de los escalones más altos de la pirámide salarial, la discusión sobre el mínimo no imponible les resultó por completo ajena. Lo mismo sucede con un contingente cercano a las 8 millones de personas: desocupados, empleados en negro y cuentapropistas de bajos recursos.

Pero lo que carga sobre todos, así el peso sea desparejo, es la inflación. Notoriamente, esto no se resuelve multando a las consultoras , por más que algunas de sus estadísticas sean imperfectas. Y el intento de bloquearles los índices de precios tampoco mejora la confianza en las estadísticas del INDEC.
fuente: clarin

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