domingo, 29 de agosto de 2010

Funcionarios K y la "timba" financiera (2° Parte).

Los funcionarios que hacen negocios con la “timba” financiera siguen apareciendo. Se reveló la semana pasada que integrantes del Gobierno sacaron buenas ganancias con los bonos estatales, comprando los papeles antes que suban de precio. Ahora se suma otro caso que podría resultar controvertido: Mercedes Marcó del Pont ganó dinero con un fondo común de inversión administrado por el Estado. El detalle polémico es que ese fondo pertenece al Banco de la Nación Argentina (BNA) y la funcionaria realizó la operación mientras se desempeñaba como presidenta de esa entidad bancaria.

Antes de convertirse en titular del Banco Central (BCRA), en abril de este año, la economista dirigió los destinos del Nación por casi dos años. Y fue durante ese tiempo que invirtió 60 mil pesos en la cartera Pellegrini. El punto conflictivo es que el BNA custodia esos mismos bienes, designa a los gerentes que los manejan y es el propietario de la compañía que lo administra.

¿La ex diputada vulneró alguna norma con esa maniobra financiera? “Por lo menos, se debería investigar si existió un conflicto de intereses o si utilizó información reservada”, le respondió a este diario Hernán Charosky, director ejecutivo de la ONG Poder Ciudadano.

Negocios. Marcó del Pont invirtió en el fondo del Banco Nación seis meses después de desembarcar en el organismo. Llegó al máximo sillón de la empresa el 15 de enero del 2008 y el 30 de julio de ese año llevó a cabo la operación.

Los Fondos Comunes de Inversión (FCI) son herramientas financieras que reúnen aportes de varios inversores. Se pusieron de moda en Argentina durante los años noventa. El Pellegrini fue creado en 1994 y maneja un patrimonio de 1.300 millones de pesos. La funcionaria apostó por la alternativa de Pellegrini Renta Pesos, adquiriendo un total de 226 mil acciones.

Voceros de la jefa del BCRA confirmaron que realizó ese negocio y además informaron que mantiene la inversión. También argumentaron que ella no había asumido cuando se eligieron las autoridades de Pellegrini SA. Sin embargo, el Nación no resulta ajeno a esas inversiones, porque las normas establecen que es su “sociedad depositaria” y porque es dueño del 99 por ciento de la firma que los maneja.

“Habría que preguntarse si tomó alguna decisión que configure un conflicto de intereses, prohibido por la Ley de Etica Pública”, analiza el director de Poder Ciudadano. “Por las características de este episodio, debería investigarse si utilizó información reservada para efectuar este negocio”, agrega Charosky, en referencia al artículo 268 del Código Penal. Los voceros de Marcó del Pont negaron esa posibilidad y apelaron al argumento de que hasta ahora habría ganado una cifra que consideraron baja: 8.646 pesos. También opinaron que “no es poco ético”, sino que “ella confiaba en su gestión en el banco”.

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jueves, 26 de agosto de 2010

Indec vs. Ipec.

Les dejo algunas cifras que marcan las diferencias que existen en el país referidas a la inflación. Las diferencias entre los números de la nación (indec) y los de la provincia de santa fe (ipec) son siderales. Quién dice la verdad? A ustedes que les parece?

Es difícil mantener precios razonables si los zapallitos aumentan 57,9 % en un solo mes, tal como sucedió en julio en esta ciudad (Santa Fe). Hay motivos estacionales y fenómenos climáticos que explican ese dato extraordinario; pero no menos cierto es que el 1,2 % de inflación de julio en la provincia está muy por encima del 0,8 % reflejado desde la Casa Rosada para Capital y el Gran Buenos Aires.

Según el Instituto Provincial de Estadística y Censos (Ipec), el nivel general del Índice de Precios al Consumidor para Santa Fe acumula 15,1 % en lo que va del año, cuatro décimas por debajo del marcador de esta capital (Santa Fe) y dos por encima del 14,9 % de Rosario en el mismo período. En todos los casos, es más del doble que el indicador del Indec.

Al igual de lo que sucede con la desocupación, los peores datos de inflación también son de Santa Fe capital. Pero además ofrecen algunas características que vale la pena repasar.

Así por ejemplo, en Santa Fe y su conglomerado urbano los servicios son los que más aumentan. Los bienes -que representan un 69,28% de la canasta medida- tuvieron una variación de 0,8%, mientras que los servicios se incrementaron muy por encima para alcanzar aumentos de 2,1 % en sólo un mes, aunque este segmento incide en menos de un tercio de la canasta total.

Siempre tomando como referencia los precios de la ciudad, así como los zapallitos subieron significativamente, hubo precios que bajaron y también son de verduras y hortalizas susceptibles de la producción estacional y de las inclemencias del tiempo. Así por ejemplo, el tomate redondo bajó 28 %, las zanahorias cuestan 16 % menos y el precio de la naranja retrocedió 8,9 %.

De todas maneras, más allá de las subas y bajas puntuales, la tendencia inflacionaria es estructural y muestra en la ciudad una evolución significativa: 2,4 % en enero; 3,6 % en febrero; 2,5 % para marzo; otro 2,1 % en abril 1,7 % en mayo; 1,1 % junio y el mencionado 1,2 % en julio.

Sólo en alimentos y bebidas, el aumento desde diciembre es de 21,5 % a nivel provincial y trepa aún más en Santa Fe y su conglomerado, para alcanzar el 22,9 %. Esto agrava el impacto social del cuadro inflacionario, porque afecta más a los que menos tienen, ya que naturalmente deben concentrar sus gastos en lo más elemental de la vida, como lo es la alimentación.

Otro dato significativo es la inflación en educación. Suma 19,1 % el aumento del costo en este rubro, en lo que va del año en esta capital provincial. Una vez más las cifras son peores que las del promedio provincial, que de todas maneras marca un alto indicador con 18,1 % en siete meses.
fuente: el litoral

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martes, 24 de agosto de 2010

El 82% móvil es posible.

Así lo sontiene el Dr. Roberto Lavagna en este video.



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domingo, 22 de agosto de 2010

Funcionarios K y la "timba" financiera.

El ex Presidente de la Nación Néstor Carlos Kirchner ya fue denunciado por haber utilizado “información confidencial”, cuando compró la "módica" suma de  2 millones de dólares en 2008.

Ahora se conoció quiénes son los funcionarios que están ganando mucho dinero con bonos públicos, cuyo valor depende de decisiones que toma el Gobierno para el que trabajan. Lo más sugestivo es que la compra se realizó antes de que subiera su valor; de manera astronómica y en pocos meses se hicieron de jugosas ganancias.

El más favorecido fue el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, uno de los hombres más influyentes de la economía y que, sin dudas, tiene buena información sobre las decisiones económicas que toma la Casa Rosada. Gracias a la “timba financiera” tan criticada por el kirchnerismo, durante el año 2009 recibió una suma limpia de 127 mil pesos.

En segundo lugar se encuentra el subsecretario de Inteligencia, Francisco Larcher, que especulando con los papeles del Estado embolsó 70 mil pesos sin esfuerzo. En ese listado de ganadores aparecen otras personas cercanas a la Presidenta, como la ministra de Defensa, Nilda Garré, y el secretario presidencial Oscar Parrilli. Todos cobraron amortizaciones, intereses y el valor de sus bonos subió hasta más del 200 por ciento.

No es la primera vez que Moreno gana jugando con los títulos. Compró Boden 2012 a fines de 2008, entonces, con valor bajísimo por la crisis financiera internacional y la estatización de las AFJP. Pero después subieron porque el Gobierno nacional siguió pagando de manera religiosa los vencimientos.

Según su última declaración patrimonial, Moreno realizó una operación similar el año pasado. En febrero, compró 16.300 acciones de Bonos AM11, bajos por la debacle financiera y porque se dudaba sobre lo que se haría con la deuda. Sin embargo, después de junio Cristina siguió pagando y esos papeles –junto con los demás– se fueron a las nubes.

Viviana Graciela Peña, la mujer del subsecretario de Inteligencia, hombre con información privilegiada si los hay, también apostó. En noviembre de 2008, compró 134 mil acciones de Boden 2012. Todavía conserva esos títulos, que en diciembre de 2009 habían escalado un 138 por ciento y por los cuales cobró 69.425 pesos.

Otro caso es el de Angela Signes, esposa del secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, el más cercano a la Presidenta. Hizo una buena compra meses antes de las elecciones: se alzó con 56 mil acciones de Boden 2012. Sin embargo, un caso más cercano a esa fecha es la ministra de Defensa, Nilda Garré, que compró todos sus bonos –por un valor de 400 mil pesos– en junio de 2009. Su primera adquisición fue el 1º de ese mes, tres días antes de que el Gobierno anunciara que iba a pagar vencimientos por adelantado y, desde ese momento, los papeles no pararon de crecer.

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jueves, 19 de agosto de 2010

El Recomendado de la Semana.

En esta oportunidad un clásico de la literatura rioplatense, ni más ni menos que "Las Venas Abiertas de América Latina" de Eduardo Galeano.

Sinopsis. Palabras del autor: Escribí Las venas para difundir ideas ajenas y experiencias propias que quizás ayuden un poquito, en su realista medida, a despejar los interrogantes que nos persiguen desde siempre: ¿es América Latina una región del mundo condenada a la humillación y a la pobreza? ¿Condenada por quién? ¿Culpa de Dios, culpa de la naturaleza? ¿No será la desgracia un producto de la historia, hecha por los hombres y que por los hombres puede, por lo tanto, ser deshecha?

Este libro fue escrito con la intención de divulgar ciertos hechos que la historia oficial, historia contada por los vencedores, esconde o miente. Sé que pudo resultar sacrílego que este manual de divulgación hable de economía política en el estilo de una novela de amor o de piratas.

Creo que no hay vanidad en la alegría de comprobar, al cabo del tiempo, que Las venas no ha sido un libro mudo.

Biografía. Eduardo Galeano nació en Montevideo en 1940. Allí se inició en el oficio periodístico, y allí publicó su primer libro. A comienzos de 1973, vivió exiliado en la Argentina y en la costa catalana. A principios de 1985 regresó a Montevideo, donde actualmente vive. En dos ocasiones fue premiado por la Casa de las Américas y por el Ministerio de Cultura del Uruguay. Recibió el American Book Award de la Universidad de Washington por su trilogía "Memoria del fuego", y el Premio a la Comunicación Solidaria, de la ciudad española de Córdoba, entre otros. En 2008 los países miembros del MERCOSUR lo designaron primer ciudadano ilustre.
 fuente: tematika

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lunes, 16 de agosto de 2010

China es la segunda economía del mundo.

China se convirtió en la segunda economía del planeta en el segundo trimestre de 2010 en detrimento de Japón, que sufrió una desaceleración más brusca que lo esperado en su crecimiento, lo que da una nueva señal de alerta para la reactivación mundial.

El gobierno japonés reconoció que el PBI nominal de China fue superior a de Japón en el segundo trimestre (abril a junio): 1,337 billones de dólares contra 1,288 billones de dólares respectivamente, según las conversiones oficiales. Sin embargo, en el conjunto de los seis primeros meses del año, el PBI de Japón fue de 2,578 billones de dólares, contra 2,532 el de China en el mismo periodo.

En el segundo trimestre, la economía japonesa sufrió un retroceso del consumo interno que ponen de manifiesto un estancamiento en la reactivación. En términos trimestrales, la economía japonesa creció un 0,1% en el período de abril-junio respecto a enero-marzo (+1,1%).

En términos interanuales, el PBI aumentó solamente un 0,4% en el segundo trimestre, en muy fuerte retroceso respecto al 4,4% del trimestre anterior y significativamente por debajo de la previsión del 2,3% pronosticada por los economistas entrevistados por la agencia financiera Dow Jones Newswires.

Estas cifras decepcionaron a los economistas. "Son una sorpresa negativa. Los efectos de las medidas de reactivación se atenúan. Aquellos que querían aprovechar de las subvenciones acordadas para cambiar su auto o su televisor ya lo han hecho ", dijo el experto Yoshiki Shinke, del Dai-Ichi Life Research Institute.

"Con excepción de la compra de equipamientos de las empresas privadas y las exportaciones, los datos en su conjunto son malos", coincidió un analista de Daiwa Securities. "Ahora está claro que Japón no entró aún en una fase de reactivación interna conforme al plan imaginado por el Banco de Japón ", agregó.

Lo cierto es que las empresas japonesas reducen sus gastos y la masa salarial con el objetivo de lograr precios bajos en un medio ambiente muy competitivo. Con este procedimiento agudizan el fenómeno deflacionista, uno de los factores de los modestos desempeños económicos de Japón.

Resignado, Japón espera ahora que la dinámica China, su principal cliente, le quite en forma duradera la plaza de segunda económica mundial este año o el próximo. Superada desde un punto de vista estadístico, Japón conservará sin embargo durante varios años un avance en términos más concretos de condiciones y nivel de vida medios, despliegue de infraestructuras, educación generalizada, prestaciones sociales y otros criterios tangibles.

Japón está diez veces menos poblado y por lo tanto es diez veces más rico por habitante que China.Para Japón, que enfrenta el envejecimiento y la disminución de la población, así como una ampliación de las desigualdades sociales, la cuestión es cómo revivir la actividad económica con una reducción del número de activos.

La ecuación es aún más difícil si se tiene en cuenta que el país tiene una deuda gigantesca y corre el riesgo de ver su tejido industrial deshilacharse, como consecuencia de la gran dependencia externa de sus empresas y la excesiva valuación del yen, que empujan a trasladar fábricas al exterior de Japón.
fuente: infobae

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jueves, 12 de agosto de 2010

Las Retenciones.

Cuando los dirigentes agropecuarios se le quejaban por las retenciones, el entonces ministro de Economía Roberto Lavagna solía responderles que el valor creciente que venía teniendo la tierra era la mejor prueba de que la rentabilidad subía y por lo tanto se justificaba una mayor presión impositiva. Siguiendo ese mismo razonamiento se llega a la conclusión de que al campo le está yendo muy bien, y que la presión para rebajar retenciones que viene realizando la Mesa de Enlace y buena parte de la oposición no tiene fundamento.

Según la Compañía Argentina de Tierras, una reconocida firma de negocios inmobiliarios, el valor de la hectárea en la denominada zona núcleo (la región más productiva del país que comprende los partidos de Pergamino, Rojas y Salto) promedia 12.500 dólares. Es el mismo precio que había alcanzado a mediados de 2008 cuando la soja llegó a 600 dólares por tonelada, el triple de lo que valía la hectárea en el año 2000, y un 80 por ciento más alto que el promedio de los últimos diez años. Lo mismo se repite en cualquier otra zona del país, a una escala de precios inferior. Por ejemplo, en el sudeste bonaerense (Tandil, Balcarce) donde el rendimiento es menor, la hectárea vale 7.800 dólares, cerca de alcanzar el pico de 2008 y un 70 por ciento más que el promedio de lo que va del siglo.

Sin embargo, el valor de la tierra no es necesariamente un fiel indicador de lo que reditúa explotarla. Su apreciación puede obedecer a una mayor demanda de inversores que optan por un activo inmobiliario ante la falta de colocaciones financieras atractivas. “La tierra es también un refugio para muchos que se preguntan en qué meto mi dinero si las tasas por depósitos son bajas y si las perspectivas del dólar o del euro no seducen”, explica el ingeniero agrónomo Fernando Miguez.

Miguez es el director del mensuario especializado Agromercado, que todos los meses trae un informe detallado sobre la rentabilidad de los diferentes cultivos en distintas zonas productivas, y por lo tanto permite comparar los números de hoy con los de hace dos años. Tomando el caso de la soja en la zona norte de la provincia de Buenos Aires con un rendimiento de 32 quintales por hectárea, el margen neto actual es de 230 dólares por hectárea, un 10 por ciento más bajo que dos años atrás. Aunque algo menor que hace dos años, sigue siendo un margen espectacular para productores medianos y grandes de las zonas más eficientes. A 230 dólares por hectárea de beneficio neto, un campo de 500 hectáreas deja un beneficio de 115.000 dólares; uno de 1.000 hectáreas, 230.000 dólares, y así sucesivamente. La situación es distinta para los pequeños productores de regiones menos rendidoras, y para la modalidad cada vez más extendida del arrendatario que tiene que cederle al dueño del campo parte de la cosecha en concepto de alquiler (algunos estiman que ya hay más de la mitad de la tierra arrendada). El negocio es bueno si el productor es a la vez dueño, pero se complica si el propietario es sólo un rentista. Son dos que maman de una sola teta.

Los números del diputado Claudio Lozano son levemente diferentes. Según sus cálculos (basados en los datos de Márgenes Agropecuarios, otra de las publicaciones especializadas), la rentabilidad de la soja es hoy incluso un poquito mayor que cuando en 2007 se estableció el arancel del 35 por ciento que rige hasta ahora. Y lo mismo señala para el maíz. Es por eso que sostiene que “salvo en el trigo, no hay ninguna razón para bajar las retenciones”. De esta manera la centroizquierda se desmarca de la postura que los radicales, la Coalición Cívica, el Pro y el Peronismo Federal han adoptado a favor del proyecto que está intentando acordar la Mesa de Enlace para reducir a cero las retenciones en trigo y maíz, y rebajar la de la soja.

Salvo para los pequeños productores, no hay argumentos contundentes que sustenten una rebaja generalizada para la soja. Más aún, si uno de los objetivos buscados es revertir el creciente proceso de sojización, eso se logra mejorando la rentabilidad de los otros cultivos. En ese sentido hay algo más de acuerdo sobre la necesidad de reducir las retenciones para maíz, trigo y girasol.

Pero aquí llegan las contraindicaciones. La primera es obvia y se trata de la pérdida de ingresos fiscales, que en el proyecto de la CC –el más generoso con el campo– asciende a 9.000 millones de pesos anuales. El equivalente al programa de Asignación Universal por Hijo.

Además, la disminución de las retenciones tiene como problema adicional el impacto alcista sobre precios de alimentos de la canasta básica. Dado que una rebaja en la retención aumenta lo que se recibe por exportar, el productor va a exigir un incremento equivalente para vender al mercado interno. Este mecanismo opera con el maíz y el trigo, y casi nada con la soja. Con el maíz, porque más de la mitad de lo que se consume internamente se usa para elaborar otros productos (pollo, cerdos, vacas). Con el trigo, porque es insumo de alimentos de consumo masivo. No es casual que la Cámara de Empresas Procesadoras Avícolas, la Federación de la Industria Molinera, la Federación de Panaderos, la Mesa de Productores de Leche y la Cámara Argentina de Feedlot hayan salido a advertir sobre las consecuencias de encarecer el trigo y el maíz.

El conflicto por las retenciones de 2008 fue iniciado por un gobierno interesado en capturar una porción extra de la renta agropecuaria extraordinaria. Fue una iniciativa horriblemente diseñada desde lo técnico y manejada con niveles insólitos de torpeza política, como ahora reconoce cualquier oficialista. Pero paradójicamente, si el esquema final de retenciones móviles con compensaciones que fue debatido en el Congreso no hubiera sido volteado por el voto no positivo de Julio Cobos, los productores de soja habrían pagado menos en casi todo el tiempo transcurrido.

No sea cosa de que el intento de bajar las retenciones que esta vez impulsa el sector agropecuario y buena parte de la dirigencia política opositora, estimule una mirada atenta sobre los reales números del campo que a los productores más grandes les termine jugando en contra. 

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martes, 10 de agosto de 2010

El Recomendado de la Semana.

Hola a todos, hoy comienzo una nueva sección en en el blog. La idea es poder hacerles una recomendación respecto a algo (libro, blog, publicación, etc) vinculado a la economía. Para arrancar pensé en el último libro que leí. Se trata del magnífico Caída Libre.

Sinopsis. La llamada Gran Recesión ha afectado a más personas que ninguna otra crisis desde la Gran Depresión. En Estados Unidos, las políticas públicas deficientes y una falta de escrúpulos generalizada han favorecido el desastre financiero actual, cuyo contagio al resto del planeta ha sido devastador.

Quién mejor que Joseph Stiglitz para diagnosticar una situación tan compleja de un modo tan accesible. Sus consideraciones acerca del nuevo papel que deben asumir los gobiernos y la urgente necesidad de regulación tienen un peso especial dentro de la batalla de ideas que conformará el «nuevo mundo» destinado a emerger de la crisis.

Caída libre da voz a todas esas personas que vieron indignadas cómo Wall Street acababa con hogares y empleos; cómo los gobiernos fueron incapaces de fre­nar la crisis y no dieron más pasos de los estrictamente necesarios; cómo los banqueros se contradecían pidiendo que el Estado los sacara del apuro al mismo tiempo que se oponían a una regulación menos propicia a fu­turas crisis. Stiglitz ofrece alternativas para lograr una economía próspera y una sociedad moral para el futuro.

Biografía. Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía en 2001, es ac-tualmente catedrático de Economía en la Universidad de Columbia tras una intensa carrera académica como profesor en pres-tigiosas universidades, como Yale, Oxford y Stanford. Además, ha sido asesor económi-co del gobierno de Bill Clinton y economista jefe y vicepresidente senior del Banco Mun-dial. Autor del best seller internacional El malestar en la globalización (Taurus, 2002), también ha publicado Los felices noventa (Taurus, 2003) y Cómo hacer que funcione la globalización (Taurus, 2006).
fuente: tematika

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lunes, 9 de agosto de 2010

Precios por las nubes.

Cada es más frecuente que el Gobierno trate de resaltar sus anuncios comparándolo con otros países. Lo hace con el desempleo, con el crecimiento económico y, más recientemente, con el salario mínimo. Antes justificaba las retenciones diciendo que ayudan a que los precios de los alimentos en el país sean más baratos que en el resto del mundo.

Un relevamiento entre los principales supermercados on line de varios países de referencia muestran que llenar el changuito en Buenos Aires puede ser más caro que hacerlo en Santiago de Chile o Madrid. El país, sin embargo, todavía es un poco más económico en comestibles que San Pablo (donde el efecto del real apreciado hace que los precios en dólares sea muy elevado) y Estados Unidos.

El país saca ventaja en los alimentos frescos, como frutos y verduras, la carne de pollo, el litro de leche o algunos productos con precios "regulados" (como el del azúcar). Pero resulta desfavorecido en aquellos comestibles que vienen envasados, como gaseosas, café, aceite o cereales de maíz.

Para realizar esta comparación, se utilizaron marcas que están en góndolas de casi todo el mundo (como Hellmann's en mayonesa, Mazola en aceites, Kellogg's en cereales, el café Nescafé o Bimbo en pan lactal). Algunas marcas están en la lista de precios "regulados" que el Gobierno exige a los supermercados y otras, no.

Para realizar esta comparación, se llenó un changuito de 16 productos en el supermercado "on line" de Coto, Eroski (en España), Líder (Chile), Pão de Açúcar (Brasil) y A&P Supermarkets (EE.UU). Para la comparación estadounidense, hubo que adecuar medidas, ya que allí se mide en onzas (aquí litros) o libras (aquí kilos).

Un casos paradigmático es la hamburguesa. Cada unidad de la marca más conocida ("Paty") cuesta $ 3,70. Aunque ningún otro país tiene un consumo de carne bovina tan arraigado (salvo los Estados Unidos), en todos se consigue una hamburguesa congelada más barata que aquí.

Argentina es la mejor para los que compran un kilo de tomates perita . Y, en frutas, también anda bien. Un kilo de manzanas rojas tiene un precio muy competitivo, sólo superado por Chile (un exportador neto de frutas).

En cambio, el país es el peor para comprar un kilo de arroz de primera marca. También mide mal para una gaseosa (como Coca-Cola) de litro y medio, ya que sólo Brasil es más caro. Por su origen estadounidense, la marca de gaseosas más conocida del mundo tiene un precio imbatible en un supermercado de New Jersey (US$ 1 y, en muchos casos por marketing, US$ 0,99, o sea $ 3,95).

Poner una caja de cereales de maíz (o corn flakes) en el changuito tampoco resulta económico.El precio del petróleo, y no tanto del maíz, eleva mucho el precio. De hecho, el envase que está en los supermercados locales (de 200 gramos) no se consigue en España o Estados Unidos, donde la caja más chica es de medio kilo. El costo por cada 100 gramos casi duplica el de Chile o España, aunque Brasil es el más oneroso.

El azúcar es muy barata en comparación internacional, por un acuerdo con el Gobierno. Pero la compra está limitada a 2 ó 3 paquetes por persona. De hecho, la distorsión en el sector es tan fuerte que los fabricantes industriales (de alimentos o golosinas que contienen azúcar) terminan pagando ese "subsidio" y el kilo de azúcar de uso industrial es casi tan caro como el de consumidor final. Los ingenios apuestan a la exportación para salvar el perjuicio que les produce vender aquí, algo que hacen a "pérdida", según los especialistas.

Otro producto llamativo es el aceite. En las botellas de precios regulados con el Gobierno (cuyo expendio también tiene limitaciones), el número da bien para el bolsillo local. Pero si se usa una marca de presencia mundial (como Mazola), que aquí no tiene el precio congelado, le da mal contra casi todo el resto, menos Brasil.

Al revés sucede con el pote de yogur de primera marca. Salvo en Brasil, el costo por unidad es más elevado que en Chile, España y Estados Unidos. En cambio, el kilo de pollo es más barato que en Brasil, Estados Unidos o España. Sólo en Chile hay carne aviar más conveniente para la billetera. 

Y un paquete familiar de pan lactal de Bimbo, marca que está en todas partes, también pica en punta. Para productos cuyas presentaciones pueden diferir entre países, la comparación se hizo tomando el costo cada 100 gramos.

El café Nescafé cuesta prácticamente lo mismo en todo el mundo. Sólo Brasil, un productor neto de café, logra destacarse un poco del resto. Las galletitas de agua se pueden ubicar en el lote barato (el segundo mejor precio, al igual que la mayonesa Hellmann's, otra que tiene una bandera global). La harina es otra categoría que se enmarca en esta caracterización.

El litro de leche está en el grupo del medio. Las góndolas argentinas no son las más baratas, pero tampoco las de mayor impacto en el bolsillo.
fuente: i eco

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domingo, 8 de agosto de 2010

Salario vs. Inflación.

Para la estadística oficial, los salarios reales (es decir, el ingreso de los asalariados menos la inflación) pegaron en un cortísimo tiempo un salto sin precedentes. Así, desde fines de 2006, el salario medio del obrero industrial aumentó el 105,4%, período en el que los precios minoristas sólo crecieron el 32,6%. Hoy, según los datos oficiales, un obrero puede comprar un 55% más de bienes y servicios que tres años y medio atrás.

Con relación a 1997 ­antes que la convertibilidad comenzara su derrumbe definitivo­, el poder de compra del salario industrial más que se duplicó: creció un 110% ya que el alza nominal del salario industrial suma un 417,2% y la inflación, el 146%. Esta mejora de la capacidad de compra se dio, además, en un contexto donde hay 1,3 millones de desocupados y el 34,6% de los asalariados no está registrado.

Claro que todos estos análisis surgen de las cifras del INDEC -que están bajo sospecha­ porque con las estadísticas oficiales provinciales las conclusiones son muy distintas. Pruebas al canto. Con los números de los institutos provinciales, desde fines de 2006, la inflación acumula hasta un 97,8%, con lo que el poder de compra del obrero industrial habría aumentado tan sólo el 3,8%. Con el resto de las categorías laborales pasa lo mismo y hasta retroceden en términos reales.

Por ejemplo, el salario medio privado formal aumentó el 87,9%, perdiendo así el 5% respecto de la inflación oficial del interior. En cambio, en tres años y medio, con las estadísticas del INDEC el poder adquisitivo de los asalariados en negro mejoró un 74%, producto de un alza nominal de ingresos en torno al 130,9%, frente a la mencionada inflación del 32,6%.

Lo que llama también la atención es que, aunque algunas tarifas están congeladas y subsidiadas, difícilmente los empresarios admitan aumentar en esos porcentajes los salarios y, en promedio, suban sus precios sólo una tercera parte de lo que conceden a sus empleados.

Según los informes que elaboraron las universidades, y que podrían ser entregados esta semana al ministro de Economía, Amado Boudou, casi el 30% de los precios que utiliza el INDEC para medir la inflación minorista no son de los negocios y comercios relevados por los encuestadores, sino que fueron "imputados" en las oficinas del Instituto sin que se sepa con qué criterio lo hicieron. Se sospecha que se habrían tomado los precios acordados entre los empresarios y la Secretaría de Comercio, que no se encuentran en las góndolas o que sólo se ofrecen pocas horas al día o en determinados supermercados.

Esto sería evidente en el caso de la carne y del pan (en las panaderías lucen los carteles con el pan a $2,50 el kilo, aunque nunca se consigue sin importar que el consumidor se quede toda la noche haciendo cola para comprarlo, y el que se ofrece oscila entre $7 y $8) que tienen una importante ponderación en el rubro alimentos. Algo similar sucede con las cuotas de colegios, turismo o salud que también tienen valores acordados. Y se eliminaron de la canasta de consumo bienes y servicios que absorben una parte importante del gasto de los hogares.

La confusión estadística no puede ser mayor y así la enorme brecha entre las estadísticas oficiales nacionales y las provinciales ­que se va agrandando­ pone en cuestión todos los análisis y estudios de la realidad laboral y social. Porque según la estadística de precios que se elija, las conclusiones son divergentes y hasta opuestas. Y habilita la proliferación de estudios privados que no tienen la capacidad de cobertura del ente nacional.

De todas maneras, a la hora de discutir los salarios, los sindicatos y los empresarios no toman en cuenta la medición del INDEC. Los empresarios tienen sus propios registros y la CGT, según los dichos de Hugo Moyano, se basa en los índices de las "amas de casa".

A partir de ahora, y con los datos del INDEC, habrá que considerar que conviene mucho más trabajar en Capital o GBA que en el resto del país. Aunque usted no lo crea.
fuente: i eco

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jueves, 5 de agosto de 2010

La Cultura de Renta.

De la cultura de renta a la economía de producción.
1- Las interpretaciones clásicas de la economía argentina.
Dos grandes corrientes de pensamiento se enfrentan en la interpretación de los fenómenos económicos, sociales y políticos que caracterizan el proceso histórico del país. Para ambas corrientes, el factor capital constituye el elemento estratégico del desarrollo.

1- Los neo-rostowianos: según Rostow, el momento crítico de la evolución de una sociedad se sitúa en el “despegue”, el cual consiste en un período de transición en el cual la capacidad de acumular capital da un salto trascendente. Rostow atribuye una gran importancia al rol del comercio exterior en el proceso de creación de las condiciones del “despegue”. Este proceso se divide en varias etapas. La etapa de la “sociedad tradicional” comienza en 1810 y concluye con la unificación de 1853. El comienzo de la segunda etapa “de creación de condiciones de despegue” se sitúa en 1880, por lo que se advierte una demora de 30 años. Para alcanzar la tercera etapa, se considera que todas las condiciones para el despegue se habían reunido en 1914, pero no comenzó sino hasta 1930, encontrándose así una segunda demora. La mala utilización de la capacidad productiva reflejada en un bajo coeficiente de eficacia del capital constituye un factor determinante de freno al crecimiento.

2- La escuela de la CEPAL: consideran que la evolución de la Argentina se divide en dos grandes fases. La primera corresponde a la inserción en el mercado mundial pero, a diferencia de la corriente anterior, no se crean las condiciones para el despegue, ya que el deterioro de los términos de intercambio drena el excedente económico hacia los países industrializados, sin permitir elevar la tasa de inversión y diversificar la estructura productiva. El modelo funciona así: en el período de apogeo, el modelo de consumo de los países industrializados se reproduce en las clases altas de la sociedad argentina, que utilizan su excedente económico para importar manufacturas de los países industrializados, sufriendo un deterioro en los términos del intercambio, lo cual frena la acumulación de capital y traba el desarrollo. Con la crisis de 1930 y la caída de las exportaciones, el gobierno trató de preservar los intereses de los productores rurales, comprando su producción a precios mayores que los internacionales, impidiendo la baja de su ingreso y manteniendo entonces la demanda de importaciones. El control de cambios y el encarecimiento de los bienes importados permiten iniciar un proceso de sustitución de importaciones, pero que está condicionado por la demanda del estrato social de mayor ingreso. Este proceso tiene dos fases: en la primera (1940) se extiende a las industrias livianas y en la segunda (1950) se produce una integración vertical a través de la instalación de industrias pesadas. Ahora bien, la producción de bienes intermedios y de capital eleva la demanda de importaciones, mientras que se deterioran los precios de las exportaciones, elevando los costos de importación. Esto, sumado a la necesidad de poseer una capacidad de producción superior a la demanda nacional, hace que se encarezca el precio de los bienes intermedio. Esta elevación de costos se propaga a los demás sectores de la economía y bloquea el crecimiento. Así, la implantación de las industrias pesadas, que en los países capitalistas había acelerado la formación de capital, en nuestro país desemboca en el estancamiento.

3- La teoría de la Dependencia: en los países industrializados desde la posguerra, la dinámica de su crecimiento depende de la rapidez de la diversificación de la oferta de bienes de consumo. Las innovaciones realizadas en los métodos de fabricación elevan la productividad de los factores y se traducen en un aumento del salario real y en el acceso de los asalariados a más productos. Pero este mecanismo reduce el ciclo de duración de un bien en el mercado, con la elevación de costos correspondientes. Para compensarla, buscan la “multinacionalización”. Su establecimiento en otro país les permite alargar el plazo de la utilización de esos factores, asegurándose una ganancia. Así es como estas empresas se instalan en Argentina hacia 1960. Se organiza así un sistema industrial destinado a reproducir el flujo de bienes que caracterizan las formas de consumo de las sociedades industrializadas, pero con un ingreso por habitante y una capacidad de acumulación de capital muy inferior. El precario equilibrio sobre el cual reposaba este crecimiento se ve alterado por la voluntad del gobierno de redistribuir el ingreso sin cambiar el modelo de consumo, quebrantando el sistema productivo y desembocando en la hiperinflación de 1975 y formándose una economía de especulación.

2- La economía especulativa.
Luego de la catástrofe del sector productivo en 1974, las empresas industriales no recuperaron el nivel de producción, situándose en el 60% de su capacidad hacia 1984. El gobierno de Alfonsín trata de promover el relanzamiento de la demanda y eleva el nivel del salario real, lo que genera una corrida inflacionaria que alcanza el 1200% en Junio de 1985. En estos niveles, la moneda había perdido sus funciones de unidad de cuenta y de reserva de valor, y llegó incluso a peligrar su función de medio de pago. El Plan Austral tenía dos objetivos fundamentales: privar a los agentes económicos de la capacidad de indexar la economía imponiendo la congelación de precios y salarios y reducir las expectativas inflacionarias a través de una desindexación progresiva operada por medio de la reforma monetaria. Las medidas funcionaron aparentemente, pero en 1986 la economía de la especulación volvió a funcionar. El mercado paralelo se transforma en el centro de la actividad financiera y las “mesas de dinero” absorben la casi totalidad de la liquidez del mercado. En estas condiciones, no es extraño que la inversión productiva haya caído a menos del 10% del PBI. Así se consolidó el fracaso del plan Austral.

3- De la “enfermedad holandesa” a los países rentistas.
En los años 60, Holanda descubre inmensos yacimientos de gas natural, capaces de abastecer todo Europa Occidental. Ante esta doble oportunidad (tener una fuente energética de bajo costo y aumentar sus ingresos por exportaciones) todos imaginaban una aceleración en la industrialización holandesa, pero Holanda se desindustrializó. Los flujos financieros generaron efectos perversos: aumentaron las importaciones y la producción local perdió competitividad por el incremento de la mano de obra. La disponibilidad de una renta modificó el comportamiento de los agentes económicos y como la renta se acabó rápidamente, el fenómeno rentista dejó pocas trazas y no pudo percibirse en toda su amplitud. Algo similar les pasó a los países de la OPEP, luego de la crisis del petróleo. Para identificar la especificidad de estos países conviene, pues, crear una nueva categoría: los países rentistas.
Es posible identificar los elementos significativos del funcionamiento de los países rentistas petroleros, agrupándolos en seis categorías:
Primera categoría: el rol central del gasto público.
Financiados por la renta exterior, los gobiernos lanzaron gigantescos programas de construcción de infraestructuras materiales y culturales y elevaron considerablemente el nivel de satisfacción de las necesidades de la población, sin realizar una verdadera administración fiscal. Así aparecen tres consecuencias importantes: el funcionamiento del aparato administrativo se vuelve ineficiente; el actor no vincula un bien o servicio como contrapartida de su esfuerzo, considerando que tiene derecho al mismo; cuando la declinación de la renta hace necesario organizar la administración fiscal, esa tentativa queda atrapada entre la ineficiencia generalizada del aparato administrativo y la resistencia del contribuyente.
Segunda categoría: organización y funcionamiento del aparato productivo.
Como las actividades productivas se organizan sobre la base de la subvención financiada por la renta, no existe tampoco cálculo económico. La disponibilidad de factores, la constelación de recursos, la creatividad o la capacidad de absorber tecnología, las necesidades de calificación de la MO, no se tienen en cuenta para implantar o desarrollar una actividad productiva.
Tercera categoría: alteración en las relaciones entre ahorro e inversión.
Como la renta exterior constituye la fuente exclusiva de financiamiento a través del sistema de subvenciones, la propensión al ahorro es prácticamente nula. Todos los ingresos que perciben los agentes económicos se transforman en consumo.
Cuarta categoría: la naturaleza del consumo.
Con la evolución del nivel general de renta, el consumo aumenta también y grupos más o menos importantes de la sociedad pasan de un consumo que responde a necesidades reales a un consumo suntuario, en tanto que los sectores privilegiados transitan a un tipo de consumo ostentatorio.
Quinta categoría: los procesos de urbanización y expansión del sector servicios.
La población rural prácticamente ha desaparecido como consecuencia directa de la “desagriculturalización” y de la integración masiva de la población en actividades improductivas como los servicios.
Sexta categoría: la percepción del trabajo y la lógica de su remuneración.
Como los salarios no se establecen en función de la productividad sino del nivel general de la renta disponible en el país, las remuneraciones siempre son muy superiores a la productividad, acentuando la ineficiencia del aparato productivo.

4- La economía argentina reinterpretada.
a) Renta y modelo exportador.
El período 1880-1930 permite detectar en Argentina la existencia de todas, o al menos de algunas, de las categorías identificadas en el funcionamiento de los países petroleros y que conforman una “economía de renta”. Características:
Los ingresos de las exportaciones aumentan prodigiosamente hasta colocar a la Argentina, en la década del 20, entre los primeros diez puestos del ranking de ingresos per cápita en el mundo. La creación de poderosas infraestructuras materiales y culturales no apareció como pre-requisito de un despegue, sino como la canalización típica de un gasto público financiado por la renta exterior. El consumo privado per cápita excedió los niveles de ingreso, lo que no impidió, a pesar de tasas de ahorro negativas, la existencia de altas tasas de inversión. Los porcentajes de urbanización y de absorción de la población activa por los servicios son sensiblemente análogos a aquellos registrados en los países petroleros. En este contexto, la identificación entre puesto de trabajo y situación de renta y la fijación de remuneraciones sin ningún correlato funcional con la productividad, aparecen como consecuencia inevitable de la evolución de la economía y de la sociedad argentina. Estas características contribuyen a suscitar la ineficiencia en el seno de la sociedad. Así, la Argentina fue una “economía de renta”.
b) Crisis del 30 y cultura de renta.
Con el colapso de 1930, el valor de las exportaciones agropecuarias se reduce considerablemente y el flujo financiero exterior que nutría la economía de renta, pero los actores económicos, sociales y políticos se resisten a cambiar de comportamiento, impidiendo así la apertura de un sendero de transición a una economía de acumulación productiva. Después de la crisis, el Estado se transformó en la nueva fuente de creación de rentas; sin embargo, esta vez se tratará de rentas ilusorias, puesto que están basadas en la emisión monetaria o en la transferencia del excedente real de un sector social a otro, en función de la capacidad que posee cada sector para ejercer presión sobre el poder político. Al conservar un comportamiento idéntico al que se observó en la época de la economía de renta, los actores socio-económicos produjeron una “cultura de renta”.
En 1933 se crean los organismos de regulación oficial de la producción agropecuaria. Al absorber una parte de la producción agropecuaria no susceptible de ser colocada en el exterior y al asegurar a los sectores rurales los niveles de ingreso que recibían antes de la crisis, el Estado inaugura sus nuevas funciones de fuente exclusiva de creación y distribución de renta. La industrialización es un proceso que se desarrolla como subproducto de los mecanismos de la cultura de renta.
c) Peronismo y renta.
El aumento enorme de las reservas por los saldos favorables de la balanza comercial acumulados durante la guerra y la espectacular elevación de los precios internacionales de los bienes alimentarios provocan una reaparición de la renta exterior en la economía argentina y consiguientemente el peligro de un retorno al modelo rentista agropecuario. El movimiento peronista expresa la reacción de los sectores vinculados a la industria ante la amenaza restauradora de los viejos mecanismos. Las políticas practicadas entre 1945-1952 tienen el mérito de haber evitado el peligro de un retorno a la economía primaria exportadora. La redistribución de ingresos a favor de sectores desfavorecidos responde a un principio de justicia. La protección a la industria garantiza la consolidación de una actividad económica que podría convertirse en la pieza estratégica de un proceso de acumulación nacional. Sin embargo, estas políticas no rompieron los círculos viciosos creados por la cultura de la renta. Se produce una “desectorializacion de la apropiación de la renta y la inclusión de toda la sociedad en la disputa por su distribución. Con el fin de la guerra de Corea y la caída del valor de las exportaciones, la renta exterior vuelve a agotarse. Era el momento de establecer una relación entre el crecimiento del salario y el crecimiento de la productividad. Aparece así la primera oportunidad histórica de revertir la evolución rentista de la sociedad argentina. En efecto, pasar de una cultura de renta a una economía de producción implica una transformación profunda en la cultura de la sociedad (No se logró, se consolidó en toda la sociedad la cultura de la renta).
d) Desarrollismo y renta.
La idea de que el aporte masivo de capital extranjero a través de la inversión directa puede contribuir a dinamizar la economía y generar un proceso de auténtica acumulación productiva inspiró la política desarrollista implementada por Arturo Frondizi, incentivando la implantación de filiales de multinacionales, dando origen al modelo calificado como “dependiente y excluyente”. Sin embargo, predominó la cultura de la renta, y las multinacionales adaptaron su comportamiento a la misma y pasaron a participar en la disputa por la apropiación de la renta.
e) El fracaso del Plan Austral.
Los primeros meses que sucedieron a la presentación e implementación del Plan Austral constituyen un período particularmente interesante, que se lo podría considerar como una segunda oportunidad histórica de terminar con la “cultura de la renta”. Pero este plan adolecía de fallas técnicas. El gobierno estuvo muy lejos de comprender el significado de la movilización de la sociedad, y en vez de comprometerse en reformas estructurales que impulsaran una transición hacia una economía de producción, adoptó una actitud triunfalista y, sobre todo, se dejó llevar por los objetivos a corto plazo que le imponían las coyunturas electorales próximas. Así se frustró lo que pudo llegas a ser una segunda oportunidad histórica y se generó un descreimiento generalizado que provocará, sin dudas, resistencias aún mayores.

5- ¿Cómo pasar a una economía de producción?
La cultura de la renta ha destruido al Estado, y la prioridad consiste en reconstruir al Estado. Para ello se precisa reinstitucionalizar el pacto de solidaridad social, sin el cual no existe Estado, y ningún sistema de normas tiene la menor posibilidad de ser impuesto. No pareciera otra vía posible, para cambiar la cultura de renta, que la de un proceso de acumulación que tiene que darse ineludiblemente en el marco de la concertación de todos los sectores de la sociedad argentina.

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