martes, 16 de marzo de 2010

El Modelo de Sustitución de Importaciones (Última Parte).

Los indicadores de calidad de vida en el modelo ISI
El proceso de sustitución de importaciones, con sus variantes y alternativas, según las cambiantes condiciones económicas y sociopolíticas, demostró su capacidad de mejorar en profundidad la calidad de vida de los sectores sociales más vulnerables.

Durante la vigencia de este modelo, se advierte el acelerado crecimiento del salario real y una distribución de la riqueza producida que favorece al sector laboral, con porcentuales cercanos a la mitad del ingreso nacional.

La década de 1940
Durante la década de los años cuarenta, 1949 es el año más favorable al mundo del trabajo y al reparto de la riqueza. Esto coincide con la legislación social implementada por entonces y con un mercado de trabajo ávido de encontrar trabajadores dispuestos a incorporarse a la actividad productiva, que se expande gracias al mayor poder adquisitivo de la población.

La década de 1950
A comienzos de la década de 1950, el ritmo ascendente del salario promedio que se paga a los trabajadores se debilita; esto se debe a la crisis de 1951-1952, provocada por una gran sequía y por la caída de los precios agropecuarios internacionales. Aun así, el aumento de la capacidad adquisitiva de los trabajadores, que en pocos años prácticamente se había duplicado, sigue conservando un valor muy superior al del último año de la década de 1930 y muestra, pasada la crisis, signos evidentes de recuperación.

El cambio de gobierno ocurrido en 1955 no significó una modificación sustancial de las tendencias mencionadas. La ruptura del orden constitucional no incidió sobre el ingreso de los trabajadores, aunque puede advertirse cierto retroceso en el lugar ocupado por el sector asalariado en la distribución de la riqueza producida. Es que la dinámica económica basada en la creciente industrialización no experimentó cambios significativos y mantuvo su ritmo expansivo, lo cual permitió resguardar el salario real de los trabajadores más allá de las medidas represivas tomadas contra el movimiento sindical.

El año 1959 marca un quiebre hacia abajo en los dos indicadores que estamos analizando: salarios y distribución del ingreso. Y esto no es casual, porque en ese año tiene lugar el primer ajuste importante en la economía argentina desde la crisis de 1951-1952. Se trata de la devaluación adoptada a fines de 1958, por sugerencia del entonces ministro de economía, el ingeniero Álvaro Alsogaray, para readecuar el proceso de crecimiento de la economía que había experimentado un creciente déficit en sus cuentas con el exterior.
Se pretendía de esta manera alentar las exportaciones, desalentar las importaciones y volver a tener un superávit en la balanza comercial. Debido a la devaluación, se incrementan los ingresos en moneda argentina obtenidos por cada dólar de los bienes vendidos al exterior, lo que significa el aumento del precio de esos bienes.

La mayor parte de lo que se exporta son "bienes-salario", es decir, productos que forman parte de los consumos esenciales de los trabajadores y que, por ende, dependen para su demanda de los salarios que éstos perciben. Se trata de bienes alimentarios, elaborados con insumos agrícolas o pecuarios, base de las exportaciones. Entonces, disminuye el poder adquisitivo de los salarios, ya que éstos no se incrementan al mismo ritmo ascendente que los precios de esos bienes.

Este proceso hace que los grandes exportadores y quienes están ligados a ellos (porque los proveen de los bienes para vender al exterior) aparezcan como los directamente favorecidos por las devaluaciones. Pero, por el contrario, quienes viven de un salario que no crece con la misma velocidad que los precios, son los perjudicados.

La aplicación de una herramienta como la devaluación para ajustar la economía provoca un impacto negativo en el nivel del salario real y reduce la participación le los trabajadores en el ingreso nacional.

Al tiempo que se adoptan tales medidas, se promete que el proceso negativo va a ser pasajero. En esa época se hizo famosa una expresión del entonces ministro de economía, Alsogaray, cuando aseguraba que "hay que pasar el invierno", que aludía al carácter temporario de la medida y, también, a que el nivel de bienestar colectivo de la mayoría de la sociedad se recuperaría en el futuro.

La década de 1960
En la década de los años sesenta, durante el periodo desarrollista, se hace posible al amparo de medidas promocionales gubernamentales, la instalación de numerosos establecimientos industriales dedicados a las ramas pesada y semipesada.

La meta de los desarrollistas era construir un país industrial y moderno, de acuerdo con los ejemplos contemporáneos de los EEUU y de la Europa de posguerra. Los desarrollistas criticaban el modelo agroexportador tradicional y enfatizaban la insuficiencia del modelo de sustitución de importaciones instrumentado a partir de la década de 1930. Sostenían que la industrialización argentina se había limitado a la industria liviana y proponían fomentar el sector energético, la petroquímica y la siderurgia.

En este periodo, se sancionó una nueva y generosa ley de inversiones extranjeras, que facilitó la llegada al país de un valioso flujo de inversión extranjera: se radicaron en el país varias filiales de empresas multinacionales del sector automotor, y la producción de este rubro tuvo una expansión notable: en 1959, se producían alrededor de 30.000 vehículos x año; en 1965, esa cifra era de 200.000. También se fortaleció la industria química, la metalúrgica, la petroquímica y las de maquinaria eléctrica y no eléctrica.

El año 1961 muestra un repunte del salario real y una distribución del ingreso más equitativa, luego del fuerte retroceso producto del ajuste devaluatorio de 1958. Pero este proceso favorable a los sectores de menor poder económico y riqueza se resiente debido a la aparición de una crisis temporaria de la actividad agrícola.

Hasta bien entrado 1964, la vuelta a la democracia pone en marcha un nuevo proyecto de reformas económicas y sociales para salir de la recesión. Durante 1962 y 1963 el salario real vuelve a retroceder, y la distribución del ingreso adopta un perfil regresivo, luego del mejor desenvolvimiento de 1961.

Es evidente que en la dinámica del modelo de ISI, que persiste más allá de las distintas variantes y etapas que atraviesa, los cambios políticos inciden en la determinación de quiénes son los favorecidos por el impacto del modelo de desarrollo.

En períodos donde el juego democrático de las instituciones permite a los actores sociales más débiles reclamar una mayor participación en la distribución del ingreso y la riqueza, se verifican cambios que favorecen a estos sectores.

Esta situación se hace evidente a partir de 1964 -entre 1963 y 1966-, cuando se produce un importan-te incremento del salario real (casi un 20%); dos indicadores (distribución del ingreso y ocupación) utilizados por los economistas para evaluar los efectos del modelo económico, también evidencian comportamientos satisfactorios en cuanto a la calidad de vida de la mayoría de la población, que van a perdurar hasta 1967, inclusive, si a estos datos agregamos los correspondientes al mercado de trabajo.

Las nuevas restricciones impuestas por el régimen militar que toma el poder en 1966 al libre accionar de los sindicatos, reducen la capacidad de los trabajadores para alcanzar mejor participación en la distribución de riqueza producida en nuestro país.

El plan económico implementado durante el gobierno militar intentaba racionalizar y "modernizar" la economía, apuntalando al sector industrial más dinámico, representado esencialmente por las empresas extranjeras que se habían establecido en el país a fines de los años cincuenta y comienzos de los sesenta. En este sentido se suspendieron los subsidios a las economías regionales, se racionalizó el número de empleados públicos y se congelaron los salarios. Las medidas adoptadas, a pesar de generar cierta estabilidad, afectaron a diferentes sectores sociales y económicos, en especial los de menor tamaño y capacidad económica.

A partir de 1968, crecen el Producto Bruto y el empleo, gracias a nuevas inversiones destinadas a las ramas industriales de mayor complejidad técnica. Pero la distribución de los recursos generados por esta economía en expansión no llega a los trabajadores, que ven disminuido su salario real en proporciones significativas. Una vez más una determinada política económica es capaz de hacer crecer el volumen de la producción total del país, pero por razones sociopolíticas, se acentúa la inequidad social en la distribución de la riqueza.

Los años setenta
El modelo de sustitución de importaciones no sufre alteraciones significativas cuando se inicia la década de 1970, ya relajadas muchas de las restricciones que había impuesto la dictadura en el primer tramo de su gobierno.

La transición a la democracia, que se inicia en 1972, abre nuevas perspectivas para el mercado interno, la instalación de numerosos emprendimientos productivos orientados a satisfacer su demanda y la puesta en marcha de varias obras de infraestructura de gran magnitud (la represa de Salto Grande, el puente Zárate-Brazo Largo, la central hidroeléctrica de El Chocón, etc.) posibilita -en el marco de la democracia retomada- un nuevo horizonte para los sectores mayoritarios de la población. Esto ocurre a partir de 1973.
Luego de transcurridos varios años con retrocesos evidentes en el modo como los sectores sociales de menores ingresos se apropiaron de la riqueza producida, la restauración democrática ofrece un panorama mucho más promisorio.

Una de las herramientas que propone el gobierno constitucional para alentar la redistribución de la riqueza y para asegurar que el ingreso nacional se reparta en forma mucho más equitativa que en el pasado inmediato, es el pacto social.

Este acuerdo entre trabajadores y empresarios acerca de la orientación del modelo de desarrollo que resulta un buen instrumento para incrementar el ingreso de los sectores más pobres, logra éxito a poco de ser puesto en vigencia.

El pacto social estableció un estricto control de precios y el incremento de los salarios para recuperar el ritmo perdido. Esto era una recomposición del salario real en forma acelerada, que creció entre 1972 y 1975, en más del 20 %. Al mismo tiempo, el mayor poder adquisitivo popular alentó la expansión de la producción y cooperó en la creación de nuevos puestos de trabajo.

La tasa de desempleo se redujo a la mitad, llegando en 1975 a un guarismo que la convierte casi en una tasa de tipo "friccional", es decir que por su muy baja magnitud revela que las personas sin trabajo son sólo aquellos miembros de la PEA que están cambiando de empleo o en pleno proceso de selección de una mejor alternativa laboral. Este nivel de la tasa de desempleo, uno de los más bajos en toda la historia laboral del último medio siglo, es sinónimo de plena ocupación, pues así se la considera cuando no supera el 3 %.

En marzo de 1976 se cierra el proceso de sustitución de importaciones cuando se produce el golpe militar. Comienza entonces una nueva historia.

Gracias por visitar...volvé pronto!!!!

7 comentarios:

  1. Muy bueno el trabajo! Me sirvió un montón! Muchas gracias por compartir tu conocimiento con los demás! Te felicito!

    ResponderEliminar
  2. te agradezco los elogios y gracias a vos por comentar !!

    ResponderEliminar
  3. hola... muy bueno todo el imforme me ayudo un monton en mi envestigacion para el colegio bueno... me despido muchas gracias maryzz

    ResponderEliminar
  4. inexplicable la forma en que me sirvieron las tres partes de tu apunte, graciaas!

    ResponderEliminar
  5. EXCELENTE!!! Mil gracias, ojalá te sigan llegando estos comentarios porque la verdad te merecés más que una felicitación porque es muy bueno tu trabajo!!
    Abrazo grande

    ResponderEliminar
  6. Muchas gracias por el trabajo y la generosidad de compartir este material. Muy completo y expresado claramente. Felicitaciones.

    ResponderEliminar
  7. Lokiiin, muchísimas gracias por éstos 3 resumenes excelentes.
    Un abrazo grande
    Axel

    ResponderEliminar