martes, 30 de marzo de 2010

Estamos de Festejo

 Economía Argentina Hoy cumple su primer año de vida, parece que fue ayer cuando conversando con mi amigo Adrián surgió la idea de poder hacer un blog. Adrián por aquel entonces estaba dando sus primeros pasos con Bull Finanzas. Fue así como se inició este camino. Hace ya un año les dejaba esta entrada.

Simplemente en esta fecha tan particular quiero aprovechar para agradecer a todos los que alguna vez ingresaron al blog; a los que han dejado comentarios y a los que no; a los que son seguidores; a los blogs que recomiendo visitar y que recíprocamente devuelven la atención; a los que hacen clics en la publicidad (son los menos,ja) y a los que simplemente buscan en el blog una alternativa para poder entender la compleja economía argentina.

Les dejo mis saludos y nos seguimos encontrando para hablar de economía.

Gracias por visitar...volvé pronto!!!!

martes, 23 de marzo de 2010

La Vuelta del impuesto inflacionario.

La producción de autos se duplicó en febrero, la de acero dio un salto del 53%. Casi todos los rubros industriales, con la excepción de los alimentos, están mostrando fuertes alzas interanuales en el primer bimestre del año.

La mitad de la cosecha de maíz ha sido recolectada, con excelentes rindes. Lo mismo se anticipa para la de soja, para la que se proyecta un récord.

Hay un efecto estadístico en estos fenómenos: cualquier cifra que se compare con los primeros meses de 2009, cuando la crisis mundial estaba haciendo estragos y una sequía asesina derrumbó la producción agrícola, luce de maravillas. Si se retrocede a 2008, el avance se neutraliza.

En cualquier caso, la actividad económica está experimentando un bienvenido repunte después de un 2009 en el que el PBI se contrajo entre 3 y 4%, según estimaciones privadas, aunque el INDEC informó el viernes que, según sus cálculos, aumentó 0,9%.

En su último informe, el Estudio Bein elevó su proyección de crecimiento para este año de 5,1% a 5,6%. "Y podemos quedarnos cortos", agregó. Encuestas empresariales muestran expectativas de mantenimiento de los niveles de empleo y aumento de las exportaciones.

Todo esto ocurre a pesar de una creciente endeblez fiscal y una política económica mayormente inconsistente. Los argentinos observan el sainete político alrededor del uso de las reservas internacionales, la presidencia del Banco Central, el impuesto al cheque y otras intoxicaciones, se encogen de hombros y siguen trabajando.

La diferencia entre 2010 y 2008 es un salto en la tasa de inflación, que se ha duplicado. Pero la aceleración de los precios está alentando el consumo en lugar de retraerlo.

"Compre hoy porque mañana aumenta todo", dicen los vendedores. Con tasas de interés groseramente negativas, el otro fenómeno que está ocurriendo es una huida hacia los bienes.

El aumento en las ventas de electrodomésticos es un caso. Los datos de las escribanías también muestran un fuerte repunte en la compra de propiedades en lo que va del año.

Nada de esto es novedoso en la historia económica reciente. Está haciendo su regreso, por ejemplo, el impuesto inflacionario.

"El Gobierno ha optado por aumentar un impuesto que ya existe y no es legislado por el Congreso: el impuesto inflacionario", dice el economista José María Fanelli. "Es muy difícil financiar el gasto con impuestos normales, de modo que se financia con el impuesto inflacionario", coincide su colega Juan José Llach.

De ser cierto, esto explicaría la indiferencia de las autoridades ante el recrudecimiento de las alzas de precios. Para los economistas, el impuesto inflacionario equivale a una transferencia desde los tenedores de dinero al Gobierno. La tasa de impuesto es la tasa de inflación y la base imponible es el monto de los saldos monetarios mantenidos por la población.

Expertos en inflación, los argentinos han desarrollado reflejos veloces para evadir este impuesto, apelando en el pasado a la compra de bienes y dólares, entre otras cosas. Los que pueden. Adivine quién termina pagando el impuesto inflacionario.

Si querés saber más acerca del impuesto inflacionario hace clic aquí.
fuente: i eco

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viernes, 19 de marzo de 2010

Los Fabulosos Kirchner.

Ni la crisis financiera de 2008, ni la sorprendente inflación. Nada parece detener el aumento patrimonial del diputado Néstor Kirchner y su mujer, la presidenta Cristina Kirchner. En el último año las cuentas volvieron a dar un saldo positivo: pasó de 46 millones de pesos a 51,5 millones, un aumento de $ 5,4 millones, un 11%.

Según informó La Nación, en 2009 el incremento no se plasmó en la compra de propiedades ni en el aumento de sus depósitos bancarios, sino, antes que nada, en la cancelación de deudas millonarias. Pudo cumplir con esos compromisos gracias a que tuvo ingresos por casi $ 14 millones, la mayor parte, en concepto de alquileres.

Las deudas de la pareja presidencial en 2009 fueron de $ 5,9 millones, a diferencia de los $ 19,2 millones en 2008. Los datos surgen de la declaración que el ex presidente presentó en la Cámara Baja, debido al inicio de su mandato como legislador.

Las mayores deudas canceladas por el matrimonio K fueron por la construcción del hotel Los Sauces ($ 8.329.596) y el que registraba con el Banco de Santa Cruz ($ 8.834.369), propiedad del Grupo Eskenazi. También eliminaron obligaciones que mantenían en concepto de alquileres percibidos por adelantado ($ 1.359.371) y depósitos en garantía por contratos de alquileres ($ 679.430) y con la AFIP ($ 51.273).

 El tema del patrimonio presidencial salió a la luz el año pasado cuando Cristina presentó su declaración de bienes ante la Oficina Anticorrupción (OA), correspondiente a 2008. Allí se reveló que en ese año los bienes del matrimonio habían tenido un aumento de más de $ 28 millones, lo que implicaba un incremento del 158%.

Aquella vez se inició una causa judicial para investigar las razones del aumento. La misma fue cerrada por el juez Norberto Oyarbide. El mes pasado se reveló que Kirchner compró US$ 2 millones justo antes de una apreciación de la moneda estadounidense. Luego él dijo que lo hizo para cancelar deudas por la compra de un hotel.

 El patrimonio presidencial está compuesto por bienes inmuebles por $ 13.582.729 (doce departamentos, seis casas, seis terrenos y cuatro locales) un auto por $ 150.000 (Honda CVR modelo 2009), tres empresas por $ 18.486.601, depósitos bancarios por $ 21.274.436, acreencias por $ 3.953.150 y deudas por $ 5.937.330.

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martes, 16 de marzo de 2010

El Modelo de Sustitución de Importaciones (Última Parte).

Los indicadores de calidad de vida en el modelo ISI
El proceso de sustitución de importaciones, con sus variantes y alternativas, según las cambiantes condiciones económicas y sociopolíticas, demostró su capacidad de mejorar en profundidad la calidad de vida de los sectores sociales más vulnerables.

Durante la vigencia de este modelo, se advierte el acelerado crecimiento del salario real y una distribución de la riqueza producida que favorece al sector laboral, con porcentuales cercanos a la mitad del ingreso nacional.

La década de 1940
Durante la década de los años cuarenta, 1949 es el año más favorable al mundo del trabajo y al reparto de la riqueza. Esto coincide con la legislación social implementada por entonces y con un mercado de trabajo ávido de encontrar trabajadores dispuestos a incorporarse a la actividad productiva, que se expande gracias al mayor poder adquisitivo de la población.

La década de 1950
A comienzos de la década de 1950, el ritmo ascendente del salario promedio que se paga a los trabajadores se debilita; esto se debe a la crisis de 1951-1952, provocada por una gran sequía y por la caída de los precios agropecuarios internacionales. Aun así, el aumento de la capacidad adquisitiva de los trabajadores, que en pocos años prácticamente se había duplicado, sigue conservando un valor muy superior al del último año de la década de 1930 y muestra, pasada la crisis, signos evidentes de recuperación.

El cambio de gobierno ocurrido en 1955 no significó una modificación sustancial de las tendencias mencionadas. La ruptura del orden constitucional no incidió sobre el ingreso de los trabajadores, aunque puede advertirse cierto retroceso en el lugar ocupado por el sector asalariado en la distribución de la riqueza producida. Es que la dinámica económica basada en la creciente industrialización no experimentó cambios significativos y mantuvo su ritmo expansivo, lo cual permitió resguardar el salario real de los trabajadores más allá de las medidas represivas tomadas contra el movimiento sindical.

El año 1959 marca un quiebre hacia abajo en los dos indicadores que estamos analizando: salarios y distribución del ingreso. Y esto no es casual, porque en ese año tiene lugar el primer ajuste importante en la economía argentina desde la crisis de 1951-1952. Se trata de la devaluación adoptada a fines de 1958, por sugerencia del entonces ministro de economía, el ingeniero Álvaro Alsogaray, para readecuar el proceso de crecimiento de la economía que había experimentado un creciente déficit en sus cuentas con el exterior.
Se pretendía de esta manera alentar las exportaciones, desalentar las importaciones y volver a tener un superávit en la balanza comercial. Debido a la devaluación, se incrementan los ingresos en moneda argentina obtenidos por cada dólar de los bienes vendidos al exterior, lo que significa el aumento del precio de esos bienes.

La mayor parte de lo que se exporta son "bienes-salario", es decir, productos que forman parte de los consumos esenciales de los trabajadores y que, por ende, dependen para su demanda de los salarios que éstos perciben. Se trata de bienes alimentarios, elaborados con insumos agrícolas o pecuarios, base de las exportaciones. Entonces, disminuye el poder adquisitivo de los salarios, ya que éstos no se incrementan al mismo ritmo ascendente que los precios de esos bienes.

Este proceso hace que los grandes exportadores y quienes están ligados a ellos (porque los proveen de los bienes para vender al exterior) aparezcan como los directamente favorecidos por las devaluaciones. Pero, por el contrario, quienes viven de un salario que no crece con la misma velocidad que los precios, son los perjudicados.

La aplicación de una herramienta como la devaluación para ajustar la economía provoca un impacto negativo en el nivel del salario real y reduce la participación le los trabajadores en el ingreso nacional.

Al tiempo que se adoptan tales medidas, se promete que el proceso negativo va a ser pasajero. En esa época se hizo famosa una expresión del entonces ministro de economía, Alsogaray, cuando aseguraba que "hay que pasar el invierno", que aludía al carácter temporario de la medida y, también, a que el nivel de bienestar colectivo de la mayoría de la sociedad se recuperaría en el futuro.

La década de 1960
En la década de los años sesenta, durante el periodo desarrollista, se hace posible al amparo de medidas promocionales gubernamentales, la instalación de numerosos establecimientos industriales dedicados a las ramas pesada y semipesada.

La meta de los desarrollistas era construir un país industrial y moderno, de acuerdo con los ejemplos contemporáneos de los EEUU y de la Europa de posguerra. Los desarrollistas criticaban el modelo agroexportador tradicional y enfatizaban la insuficiencia del modelo de sustitución de importaciones instrumentado a partir de la década de 1930. Sostenían que la industrialización argentina se había limitado a la industria liviana y proponían fomentar el sector energético, la petroquímica y la siderurgia.

En este periodo, se sancionó una nueva y generosa ley de inversiones extranjeras, que facilitó la llegada al país de un valioso flujo de inversión extranjera: se radicaron en el país varias filiales de empresas multinacionales del sector automotor, y la producción de este rubro tuvo una expansión notable: en 1959, se producían alrededor de 30.000 vehículos x año; en 1965, esa cifra era de 200.000. También se fortaleció la industria química, la metalúrgica, la petroquímica y las de maquinaria eléctrica y no eléctrica.

El año 1961 muestra un repunte del salario real y una distribución del ingreso más equitativa, luego del fuerte retroceso producto del ajuste devaluatorio de 1958. Pero este proceso favorable a los sectores de menor poder económico y riqueza se resiente debido a la aparición de una crisis temporaria de la actividad agrícola.

Hasta bien entrado 1964, la vuelta a la democracia pone en marcha un nuevo proyecto de reformas económicas y sociales para salir de la recesión. Durante 1962 y 1963 el salario real vuelve a retroceder, y la distribución del ingreso adopta un perfil regresivo, luego del mejor desenvolvimiento de 1961.

Es evidente que en la dinámica del modelo de ISI, que persiste más allá de las distintas variantes y etapas que atraviesa, los cambios políticos inciden en la determinación de quiénes son los favorecidos por el impacto del modelo de desarrollo.

En períodos donde el juego democrático de las instituciones permite a los actores sociales más débiles reclamar una mayor participación en la distribución del ingreso y la riqueza, se verifican cambios que favorecen a estos sectores.

Esta situación se hace evidente a partir de 1964 -entre 1963 y 1966-, cuando se produce un importan-te incremento del salario real (casi un 20%); dos indicadores (distribución del ingreso y ocupación) utilizados por los economistas para evaluar los efectos del modelo económico, también evidencian comportamientos satisfactorios en cuanto a la calidad de vida de la mayoría de la población, que van a perdurar hasta 1967, inclusive, si a estos datos agregamos los correspondientes al mercado de trabajo.

Las nuevas restricciones impuestas por el régimen militar que toma el poder en 1966 al libre accionar de los sindicatos, reducen la capacidad de los trabajadores para alcanzar mejor participación en la distribución de riqueza producida en nuestro país.

El plan económico implementado durante el gobierno militar intentaba racionalizar y "modernizar" la economía, apuntalando al sector industrial más dinámico, representado esencialmente por las empresas extranjeras que se habían establecido en el país a fines de los años cincuenta y comienzos de los sesenta. En este sentido se suspendieron los subsidios a las economías regionales, se racionalizó el número de empleados públicos y se congelaron los salarios. Las medidas adoptadas, a pesar de generar cierta estabilidad, afectaron a diferentes sectores sociales y económicos, en especial los de menor tamaño y capacidad económica.

A partir de 1968, crecen el Producto Bruto y el empleo, gracias a nuevas inversiones destinadas a las ramas industriales de mayor complejidad técnica. Pero la distribución de los recursos generados por esta economía en expansión no llega a los trabajadores, que ven disminuido su salario real en proporciones significativas. Una vez más una determinada política económica es capaz de hacer crecer el volumen de la producción total del país, pero por razones sociopolíticas, se acentúa la inequidad social en la distribución de la riqueza.

Los años setenta
El modelo de sustitución de importaciones no sufre alteraciones significativas cuando se inicia la década de 1970, ya relajadas muchas de las restricciones que había impuesto la dictadura en el primer tramo de su gobierno.

La transición a la democracia, que se inicia en 1972, abre nuevas perspectivas para el mercado interno, la instalación de numerosos emprendimientos productivos orientados a satisfacer su demanda y la puesta en marcha de varias obras de infraestructura de gran magnitud (la represa de Salto Grande, el puente Zárate-Brazo Largo, la central hidroeléctrica de El Chocón, etc.) posibilita -en el marco de la democracia retomada- un nuevo horizonte para los sectores mayoritarios de la población. Esto ocurre a partir de 1973.
Luego de transcurridos varios años con retrocesos evidentes en el modo como los sectores sociales de menores ingresos se apropiaron de la riqueza producida, la restauración democrática ofrece un panorama mucho más promisorio.

Una de las herramientas que propone el gobierno constitucional para alentar la redistribución de la riqueza y para asegurar que el ingreso nacional se reparta en forma mucho más equitativa que en el pasado inmediato, es el pacto social.

Este acuerdo entre trabajadores y empresarios acerca de la orientación del modelo de desarrollo que resulta un buen instrumento para incrementar el ingreso de los sectores más pobres, logra éxito a poco de ser puesto en vigencia.

El pacto social estableció un estricto control de precios y el incremento de los salarios para recuperar el ritmo perdido. Esto era una recomposición del salario real en forma acelerada, que creció entre 1972 y 1975, en más del 20 %. Al mismo tiempo, el mayor poder adquisitivo popular alentó la expansión de la producción y cooperó en la creación de nuevos puestos de trabajo.

La tasa de desempleo se redujo a la mitad, llegando en 1975 a un guarismo que la convierte casi en una tasa de tipo "friccional", es decir que por su muy baja magnitud revela que las personas sin trabajo son sólo aquellos miembros de la PEA que están cambiando de empleo o en pleno proceso de selección de una mejor alternativa laboral. Este nivel de la tasa de desempleo, uno de los más bajos en toda la historia laboral del último medio siglo, es sinónimo de plena ocupación, pues así se la considera cuando no supera el 3 %.

En marzo de 1976 se cierra el proceso de sustitución de importaciones cuando se produce el golpe militar. Comienza entonces una nueva historia.

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lunes, 8 de marzo de 2010

El Modelo de Sustitución de Importaciones (2° Parte).

La segunda etapa del modelo de sustitución de importaciones (1955-1975)

Esta segunda etapa no se asienta en el esquema que privilegia la actividad industrial liviana, sino que durante este período se avanza sobre otras ramas de actividad industrial que van apareciendo ante la demanda insatisfecha del mercado interno argentino. Si bien en lo sustancial los instrumentos no se modifican, el resultado de la nueva orientación económica, impulsada a partir de 1955 y durante los quince años siguientes, es la radicación de plantas industriales mucho más complejas: resultan privilegiadas, entonces, las ramas de la manufactura pesada y semipesada.

Se trata del proyecto denominado desarrollismo, variante del modelo de sustitución de importaciones, que pretende crear en el país un perfil industrial nuevo dedicado a la fabricación de vehículos automotores, toda la línea de artefactos para el hogar, insumos de la industria química y petroquímica, hierro, acero, equipos para la industria liviana y repuestos, maquinaria pesada para el agro, tractores, partes y piezas para las actividades emergentes, industria plástica y farmacéutica, etc.

La inversión en capital y tecnología implica un saldo cuantitativo y cualitativo de gran importancia. Ya no son los pequeños y medianos empresarios nativos los principales protagonistas del quehacer económico urbano: aparecen inversores externos que aprovechan la promoción, el crédito industrial y el proteccionismo aduanero para instalarse y producir para el mercado interno. Junto a ellos se destacan sectores empresariales con mayor capacidad de gestión y recursos.

Pero ahora, las nuevas inversiones ya no son actividades de baja productividad que requieren elevada demanda de mano de obra. La innovación tecnológica necesaria para poner en funcionamiento estos procesos productivos más complejos cambia la tendencia en cuanto al tipo de demanda de empleo.

 Mientras que en el período anterior es evidente que el incremento de la producción se explica, en gran parte, por una adición de fuerza de trabajo, en la etapa que nos ocupa (1955-1975) el aumento de la productividad descansa, básicamente, en la incorporación de capital y en la utilización de tecnologías complejas y crecientemente automatizadas. Ello provoca una reducción de la demanda de trabajadores, que en el período intercensal 1954-1964 originó una disminución absoluta de los obreros ocupados en el sector manufacturero. Es decir, sin modificar el nivel de la fuerza de trabajo se obtuvo un incremento del producto bruto del 64%”.

La estructura productiva en la segunda etapa
En esta segunda etapa los objetivos son similares a los del ciclo anterior: colocar al mercado interno como centro del consumo de los bienes industriales que se incorporan a la oferta productiva. Para esto, se sostiene el criterio de mantener elevado el salario de los trabajadores y el pleno empleo como principales alicientes para el crecimiento económico. Pero en esta etapa, el protagonismo lo asumen ramas industriales con fuertes inversiones en capital y tecnología.

Aunque todavía minoritarias en cuanto su incidencia en el valor agregado del sector, estas ramas industriales dinámicas se expanden a ritmo muy veloz superando el promedio de todo el sector. Son las nuevas empresas, extranjeras y argentinas, que entregan a un mercado ávido automóviles, tractores, plásticos, maquinaria para la actividad industrial, hierro y acero para la construcción, materias primas para la industria de la refrigeración, cocinas, lavarropas, televisores, etc.

La productividad por empleo ocupado (es decir lo que cada trabajador, sea asalariado o integrante de una empresa familiar, aporta como valor monetario por su actividad durante un año calendario) también y en especial se expande en esta etapa de industrialización crecientemente compleja Esto indica que la incorporación de nuevo equipamiento y de tecnología moderna redunda en una mayor eficiencia promedio del aparato productivo manufacturero.

Según los censos de población de 1947 y 1970, la Población Económicamente Activa (PEA) –compuesta por todos aquellos que trabajan o buscan trabajo- se mueve en dirección ascendente. Los incrementos intercensales respectivos así lo certifican.

En cambio, la variación entre cada relevamiento intercensal de la ocupación en el sector industrial acusa un ritmo diferenciado: en el tramo 1947-1960 posee un dinamismo vigoroso, mayor que el del empleo total. A partir de ese año, coincidente con el ciclo de producción industrial con intensa inversión en equipo y tecnología, el crecimiento de la ocupación en el sector industrial se detiene y se estanca. Entonces, si bien el empleo industrial crece en el lapso de 23 años, no supera el ritmo de expansión del empleo total nacional.
Coincidente con este fenómeno, la remuneración a los empleados en el sector sigue ascendiendo.

Si bien la dinámica industrial revela saltos en lo que se refiere a producción y ocupación (aunque de signo contrapuesto según la etapa temporal de la ISI que se considere) los niveles de productividad por hombre ocupado en la actividad y los niveles de salario real pagados en el sector (es decir, el valor nominal del salario corregido por el incremento de precios) demuestran también cómo el incremento de la eficiencia económica redundó en una mejora sustancial del ingreso de los asalariados. De este modo, el mayor exce-dente económico generado por la aplicación de tecnología actualizada y por las inversiones en equipamiento en las ramas más avanzadas del sector, pudo ser apropiado -en una importante proporción- por la fuerza de trabajo.

El modelo de desarrollo basado en la sustitución de importaciones, en el marco de una economía semicerrada que impide el ingreso de bienes competitivos del exterior y que basa su fortaleza y capacidad expansiva en una estructura laboral con altos índices ocupacionales y salario en ascenso, es el que va a ser fuertemente cuestionado a partir de 1975.

Por último les dejo el link de la primera parte de este material.

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viernes, 5 de marzo de 2010

Se Necesitan $1788 para no ser pobre en la Argentina.


Es el dinero que necesita una familia tipo en la ciudad de Buenos Aires, de acuerdo con la investigación. Representa una suba de 23% con respecto a febrero de 2009.

Una familia tipo en la ciudad de Buenos Aires necesita ingresos mensuales por $ 1.788,5 para no caer en la pobreza, según un estudio realizado por la Fundación de Investigaciones Económicas Internacionales (FIEL). La cifra es $ 334 más alta que en febrero de 2009, con un incremento interanual del 23%.

"El costo de la Canasta Básica Alimentaria por adulto (CBA) -que determina la línea de indigencia- para la ciudad de Buenos Aires alcanzó en el mes de febrero a $ 297,9, en tanto que el de la Canasta Básica Total -que determina la línea de pobreza- ascendió a $ 578,8 pesos", señala el reporte privado. Para FIEL, el costo de la canasta subió 7% en febrero.

Para el INDEC, una familia tipo integrada por dos adultos de 35 y 31 años y dos chicos de 8 y 5 años necesitó en enero ingresos por $ 1.095,27 para no ser pobre, una cifra que es 11% mas alta que en el mismo mes de 2009 y 38,8% inferior a la que informó FIEL para febrero. En el polémico instituto oficial, los precios de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) subieron 2,5% debido a los incrementos de la carne, las frutas y la verdura. De esa forma, una familia tipo puede comprar sus alimentos por menos de $ 500.
fuente: i eco

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miércoles, 3 de marzo de 2010

El Modelo de Sustitución de Importaciones.(1° Parte)

El modelo de sustitución de importaciones (lSI), basado en el crecimiento del sector industrial, estuvo vigente desde principios de la década de 1930 hasta avanzados los años setenta. Es decir que, durante más de cuarenta años, el ISI prevaleció bajo distintos gobiernos y circunstancias históricas, impulsado por el sector industrial, principal motor del crecimiento productivo argentino. Precisamente, fue este sector el que experimentó una gran expansión debido, entre otras cosas, a la mayor capacidad adquisitiva de la población y al proteccionismo aduanero, medida que evitaba la entrada al país -y por lo tanto la competencia- de los bienes manufacturados importados, similares a los que se producían dentro de la Argentina.

El origen de la puesta en marcha de este modelo de desarrollo, orientado a satisfacer la demanda interna gracias a la estimulación de la capacidad de compra de los consumidores nacionales, se puede ubicar en la crisis internacional ocurrida luego de la Gran Depresión de 1929.

La abrupta caída de los precios de los productos exportables argentinos, principalmente cereales y carnes, provocada por la reducción de la demanda internacional de esos productos a causa de la recesión y el desempleo mundiales, trasladó la crisis internacional a nuestro territorio. Ante esta situación, los sectores económicos y políticos de mayor poder (ganaderos, grandes comerciantes, etc.) que controlaron el modelo agroexportador durante casi ochenta años (desde 1850 a 1930), decidieron cambiar el rumbo de la economía nacional. Intentaron entonces, sustituir el modelo agroexportador vigente hasta 1929 por otro modelo que pudiera enfrentar la aguda contracción de la producción y el empleo.

Como las actividades agropecuarias destinadas a la exportación ya no aseguraban suficiente rentabilidad, debido a la depresión mundial, estos sectores comenzaron a incentivar la industrialización a través de la adopción de medidas de carácter proteccionista -arancelarias y paraarancelarias- sobre el comercio importador.

La primera etapa del modelo de sustitución de importaciones (1930-1955)

Múltiples son las causas del surgimiento del modelo de sustitución de importaciones. En primer lugar, podemos, mencionar la necesidad de la clase dirigente de ese momento de dar respuesta a la crisis social y productiva que se estaba produciendo en nuestro país. Otra causa fue la búsqueda de nuevas opciones productivas por parte de los capitales destinados a la actividad agroexportadora, ya que ésta no era tan rentable debido a la mencionada crisis mundial.

Pero, también, se persiguió un objetivo político. Los sectores económicos más poderosos de esa época estimularon dicho modelo  para impedir que se agravara la depresión, que hubiese terminado por inducir una inestabilidad social y política que podría haber hecho peligrar el modelo agroexportador mismo.

Este proceso acrecentó su ritmo expansivo dando lugar a la ocupación obrera y a la participación cada vez mayor del sector industrial en el Producto Bruto Nacional.

Las herramientas de política económica que comenzaron a hacer efecto sobre la economía luego de 1932 fueron: el control de cambios (es decir, la regulación del precio y de la cantidad de moneda extranjera en circulación), el cierre de las fronteras a los bienes sustitutivos externos y la defensa de los precios de los productos agropecuarios.

Veamos algunos ejemplos. El Estado nacional, pese a la ideología acentuadamente liberal que lo dominaba, decidió adoptar medidas de fuerte intervención en el merocado. Vamos a comentar dos de las más importantes. 

El gobierno creó dos instrumentos destinados al regular el mercado financiero. El primer instrumento fue la formación de un fondo para socorrer a los bancos en dificultades, fruto de la recesión económica y del incumplimiento de los compromisos por créditos por parte de muchos acreedores. Este fondo aportó recursos oficiales para impedir la quiebra del sistema bancario, dejando de lado las ideas prevalecientes de entonces, que consistían en que el mercado debía permitir que desaparecieran los que no podían con sus propias fuerzas permanecer en él.

Se abandonó el principio de que ningún recurso público debía servir para sostener empresas en quiebra y se actuó con un criterio de hacer prevalecer el propósito de defender un sector clave para que el sistema productivo siguiera obteniendo apoyo crediticio.

El segundo instrumento fue la fundación del Banco Central de la República Argentina, en 1935, destinado a guiar los pasos del mercado financiero nacional y regular el funcionamiento de los bancos.

Otra medida del gobierno de entonces, fue la creación, en 1932, de la Junta Nacional de Carnes y de la Junta Nacional de Granos. Esta última institución tenía como misión intervenir en la compraventa de cereales y oleaginosas (en especial trigo y maíz) con el propósito de garantizar a los agricultores de la Pampa Húmeda un precio fijado por el gobierno, llamado precio sostén. De este modo, si el chacarero no podía vender a los intermediarios su producción cerealera al precio que consideraba remunerativo, podía vendérsela a la Junta, que le garantizaba un valor suficiente para obtener ganancias.

Así, el Estado impedía que los precios pagados a los agricultores por sus productos bajasen en tal magnitud que supusieran un serio quebranto a la actividad agrícola. Este procedimiento de intervención estatal descartó, otra vez, el "dogma religioso" del mercado e impuso una práctica que apuntaba a privilegiar el "bienestar general".

Estas medidas favorecieron la evolución de la actividad industrial, cuyos productos pasaron a ocupar el lugar q dejaban los productos extranjeros, debido a la reducción o eliminación de las importaciones.
En esta primera etapa se privilegió el desarrollo de la industria liviana (alimentos, textiles y metalurgia para maquinaria agrícola básica y algunos artefactos del hogar).

Este proceso de industrialización generó la aparición -cada vez más notoria- de pequeños y medianos empresarios de origen nacional y absorbió la mano de obra reclutada entre los inmigrantes que se asentaron en las grandes ciudades del Litoral, en busca de trabajo para subsistir.

Hacia fines de la década de 1950 se cierra el primer ciclo de industrialización acelerada, con la instalación de plantas productivas en las principales aglomeraciones del Centro y el Litoral y sus respectivas áreas de influencia. En esos años, la fuerte demanda interna -alentada por el aumento de los salarios y la ocupación-, que se orienta hacia el consumo de productos manufactureros nacionales, permitió absorber toda la población que se desplazaba masivamente desde las áreas rurales y el interior del país hacia las grandes aglomeraciones.

El Estado fue implementando en forma programada una política económica de marcado intervencionismo en el mercado de producción, distribución y consumo de bienes y servicios. Para esto, utilizó diversas herramientas (por ejemplo, los créditos subsidiados a la industria) que evidenciaban de parte de quienes propiciaban el proceso de sustitución de importaciones, la vocación de garantizar la plena ocupación y la capacidad de compra de los habitantes para dar impulso a la producción industrial.

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